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El Tiempo Sevilla Climatología

El Clima de Sevilla

La capital, la Vega, el Aljarafe, la Campiña y las sierras.
El territorio, las estaciones del año y la memoria del tiempo.

Franjas de temperatura anual en Sevilla Aeropuerto, de 1951 a 2025: los años más cálidos aparecen en rojo y los más frescos en azul.
Temperatura media anual en Sevilla Aeropuerto, 1951-2025. En azul, años más frescos; en rojo, más cálidos respecto a 1961-1990. Fuente: cálculo propio con datos de AEMET (ECA&D).

Sevilla tiene fama de ciudad calurosa, y la tiene con razón. Pero reducir su clima al termómetro de julio es quedarse con la mitad de la historia. Detrás de los cuarenta grados hay un valle abierto al Atlántico que trae la lluvia de otoño e invierno, una sucesión de relieves que cambian el tiempo en pocos kilómetros y una ciudad que también modifica el aire que la rodea.

19,2 °CTemperatura media anual1981–2010
36,0 °CMáxima media de julio1981–2010
504 mmPrecipitación anual1991–2020
2.917 hSol anual1981–2010
46,6 °CMáxima absoluta23 jul 1995

Valores del observatorio de Sevilla Aeropuerto (AEMET, 5783). Los periodos se indican porque una media histórica no representa necesariamente el clima del momento actual.

Este estudio reúne lo que hoy se sabe sobre el clima de Sevilla capital y de las comarcas que la rodean: la Vega del Guadalquivir, el Aljarafe y su cornisa, Los Alcores y la Campiña, las Marismas, la Sierra Sur y la Sierra Norte. Para elaborarlo se han utilizado los valores normales publicados por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), las series diarias de dieciocho estaciones oficiales de la provincia y de su entorno, las observaciones horarias del aeropuerto, publicaciones científicas recientes y documentos históricos que permiten seguir la pista a las riadas y sequías desde el siglo XVI.

Las cifras proceden de fuentes identificadas, y en cada caso se indica el periodo al que se refieren. Cuando un dato es un cálculo propio realizado a partir de series oficiales, se señala expresamente. Al final del documento encontrará usted las tablas de referencia, una nota metodológica y la relación de fuentes consultadas.

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El clima de Sevilla, por temas de interés:

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01El escenarioEl territorio y los factores del climaEl Guadalquivir, la cornisa del Aljarafe, las sierras, el Atlántico y los vientos.

Sevilla en su sitio: el marco geográfico

Una ciudad en el fondo del valle

Sevilla se asienta a 37° 23′ de latitud norte, en la llanura aluvial del Guadalquivir y a unos 80 kilómetros de su desembocadura. El casco histórico apenas se levanta entre 7 y 20 metros sobre el nivel del mar; el observatorio de Tablada, junto al río, está a 9 metros, y el del aeropuerto de San Pablo, al nordeste, a 34. Es una altitud tan baja que la marea del Atlántico todavía se nota en el río a su paso por la ciudad.

Esa posición explica casi todo. El valle del Guadalquivir es una gran depresión con forma de embudo que se abre hacia el suroeste, en dirección al golfo de Cádiz. Por esa boca entran sin obstáculo las borrascas y el aire húmedo del océano durante la mitad fría del año. Al mismo tiempo, el fondo del valle es ancho y bajo, y está resguardado al norte por Sierra Morena y al sur por los relieves béticos, de modo que en verano el aire se recalienta como en muy pocos lugares de Europa. El resultado es un clima mediterráneo de veranos secos y muy cálidos, con cierto carácter continental por la distancia al mar y una influencia atlántica que se deja sentir más hacia el sur y el oeste de la provincia.

Imagen 1. El Guadalquivir y el puente de Triana desde la Torre del Oro. Al fondo, por encima del caserío de Triana, se recorta el escarpe de la cornisa del Aljarafe.

Fotografía: Emilio J. Rodríguez Posada, 2013. Wikimedia Commons (Flickr), licencia CC BY-SA 2.0 (recortada).

Figura 1. Relieve de la provincia de Sevilla, grandes unidades del territorio y estaciones meteorológicas utilizadas en este estudio. Las líneas A–A′ y B–B′ corresponden a los perfiles de las figuras 3 y 4; el recuadro rojo, al área metropolitana de la figura 2.

Fuente: Elaboración propia con el modelo digital del terreno SRTM (NASA) y límites de GADM.

Las grandes unidades del territorio

Alrededor de la capital se suceden paisajes muy distintos, y cada uno tiene su matiz climático. Conviene presentarlos antes de entrar en las cifras.

La Vega del Guadalquivir. Es la llanura aluvial que acompaña al río, con altitudes que rara vez superan los 30 o 40 metros. Aquí están la ciudad, el aeropuerto y Tablada. En las noches tranquilas de invierno el aire frío, más denso, resbala desde las zonas altas y se acumula en ella, de modo que la Vega es a la vez uno de los lugares más calurosos en las tardes de verano y uno de los más fríos en las madrugadas despejadas.

El Aljarafe y su cornisa. Al oeste de la ciudad, al otro lado del río, se levanta una plataforma de entre 100 y 150 metros de altitud. Su nombre viene del árabe al-šaraf, «la altura». El borde que mira a Sevilla forma un escarpe, la cornisa, que según el modelo digital del terreno sube unos 100 metros en apenas dos kilómetros, desde los 10 metros de la vega hasta los 110 o 120 de Castilleja de la Cuesta y Bormujos. Ese desnivel, modesto en apariencia, basta para que la cornisa quede por encima de la capa de aire frío que se forma en la vega durante las noches de calma.

Los Alcores y la Campiña. Al este, la llanura asciende suavemente hasta el escarpe de Los Alcores, que corre de Alcalá de Guadaíra a Carmona y alcanza unos 240 metros en esta última, dominando la vega del Corbones. Más allá se extiende la Campiña, un territorio de lomas suaves entre 50 y 250 metros, con Écija, Fuentes de Andalucía, Marchena, Osuna y Morón de la Frontera. Es la tierra del cereal, el olivar y el girasol, y también la de las temperaturas máximas más altas de la provincia.

La Sierra Sur. En el extremo sureste, la Campiña se rompe contra los primeros relieves de las cordilleras Béticas. Allí, en la raya entre Algámitas y Pruna, se alza El Terril, que con 1.129 metros es el punto más alto de la provincia. Es un territorio de transición, con inviernos más fríos y veranos algo menos extremos que los de la Campiña.

La Sierra Norte. Al norte del Guadalquivir, la Sierra Morena sevillana es un relieve antiguo, de rocas paleozoicas y formas redondeadas, con altitudes medias de 400 metros en su borde sur y de 600 a 800 en el centro y el norte. Su techo, La Capitana, ronda los 960 metros. Es la comarca más lluviosa y más fresca de la provincia, la de los alcornocales, los castañares y las dehesas.

Las Marismas. Al sur de la capital, las tierras bajas del Bajo Guadalquivir se abren hacia Doñana y el estuario. Son llanas, húmedas y están más expuestas a la influencia directa del mar.

El área metropolitana, de cerca

Las diferencias de altitud que separan la vega, la cornisa y Los Alcores son pequeñas en la escala de la provincia, pero decisivas para entender por qué el termómetro no marca lo mismo en el centro de Sevilla, en Tablada, en el aeropuerto o en Tomares. La figura 2 muestra ese relieve con más detalle y la situación de las tres estaciones oficiales del área metropolitana que se comparan a lo largo del estudio.

Figura 2. Relieve del área metropolitana de Sevilla con curvas de nivel de 50, 75 y 100 metros. Se aprecian la cornisa del Aljarafe al oeste, la vega en el centro y la subida hacia Los Alcores al este. La línea gruesa marca el término municipal de Sevilla; los círculos, las estaciones oficiales de AEMET, y el rombo naranja, la ubicación del observatorio de El Tiempo Sevilla en Triana.

Fuente: Elaboración propia con datos SRTM (NASA) y límites municipales de GADM.

Dos cortes del terreno

Los perfiles topográficos de las figuras 3 y 4 resumen el escenario. El primero cruza la provincia de norte a sur, desde Guadalcanal hasta El Terril, y en él se aprecia cómo la Sierra Norte desciende hacia la Vega, cómo la Campiña asciende lentamente y cómo la Sierra Sur se levanta de forma más brusca.

Figura 3. Perfil topográfico norte-sur (A–A′) desde Guadalcanal hasta El Terril. Para cada estación se indican la altitud, la temperatura media y la precipitación media anual del periodo 2010-2025.

Fuente: Elaboración propia. Relieve: SRTM. Datos climáticos: AEMET (series diarias distribuidas por ECA&D).

El segundo atraviesa el área metropolitana de oeste a este, desde el Aljarafe hasta Carmona. Sobre él se ha anotado la media de las temperaturas mínimas de enero en las estaciones oficiales y se ha dibujado, de forma esquemática, lo que ocurre en una noche de invierno despejada y sin viento: el aire frío se remansa en el fondo de la vega, la ciudad conserva parte del calor del día y la cornisa queda por encima de esa capa fría. Por eso las mínimas más bajas aparecen en los llanos abiertos y las más altas en la cornisa.

Figura 4. Perfil topográfico oeste-este (B–B′) a través del Aljarafe, Sevilla y Los Alcores, con la media de las temperaturas mínimas de enero y un esquema de la situación nocturna en condiciones de calma.

Fuente: Elaboración propia. Relieve: SRTM. Datos: AEMET (ECA&D).

Los factores que gobiernan el clima

El anticiclón de las Azores y el frente polar

El ritmo del año en Sevilla lo marca el vaivén del anticiclón de las Azores. En verano se desplaza hacia el norte y se extiende sobre la Península: el aire desciende, se seca y se calienta, el cielo queda despejado durante semanas y la lluvia desaparece. Cuando a esa situación se suma una dorsal de aire subtropical o sahariano, llegan las olas de calor.

En otoño el anticiclón se retira hacia el sur y deja paso a la circulación del oeste. Las borrascas atlánticas y sus frentes encuentran entonces abierta la puerta del golfo de Cádiz y remontan el valle. La mayor parte de la lluvia que recoge Sevilla llega así, empujada por vientos del sur y del suroeste. Cuando el chorro polar se ondula y deja aisladas bolsas de aire frío en altura, las conocidas danas, pueden producirse además episodios de lluvia intensa y tormentas, sobre todo en primavera y en otoño.

La Oscilación del Atlántico Norte

La lluvia del invierno sevillano depende en buena medida de un patrón de gran escala, la Oscilación del Atlántico Norte (NAO), que mide la diferencia de presión entre las Azores e Islandia. Cuando el índice es positivo, el anticiclón está reforzado y las borrascas circulan muy al norte, hacia las islas británicas. Cuando es negativo, las borrascas bajan de latitud y entran de lleno en la Península.

Para este estudio se ha comparado la lluvia de diciembre a marzo en el aeropuerto con el índice NAO medio de esos mismos meses en 64 inviernos completos entre 1951 y 2025. La correlación es de –0,70: el índice NAO se asocia estrechamente con la lluvia invernal, y la relación estadística da cuenta de cerca de la mitad de las diferencias de precipitación entre unos inviernos y otros. No es, sin embargo, el único factor. En los inviernos con NAO claramente negativa (índice inferior a –0,5) cayeron de media unos 450 litros por metro cuadrado entre diciembre y marzo; en los de NAO claramente positiva (superior a +0,5), apenas 156. El invierno de 2009-2010, con una NAO muy negativa, fue el más lluvioso de la serie, y los de 1988-1989, 2011-2012 o 2014-2015, con índices muy positivos, figuran entre los más secos.

Figura 5. Relación entre el índice NAO y la precipitación de diciembre a marzo en Sevilla Aeropuerto (1951-2025). Cada punto es un invierno; se rotulan los más extremos. Las bandas de color marcan las fases claramente negativa y claramente positiva.

Fuente: Cálculo propio. Precipitación: AEMET (ECA&D). Índice NAO: NOAA Climate Prediction Center.

El viento: un valle que encauza el aire

La circulación por el valle, el aire de abajo y las diferencias entre solano y poniente se analizan con datos en Regímenes de viento en Sevilla →.

El valle del Guadalquivir, orientado de nordeste a suroeste, actúa como un pasillo que encauza los vientos. La rosa de los vientos del aeropuerto lo muestra con claridad: casi todo el aire circula a lo largo del eje del valle, en una u otra dirección.

En invierno predominan las componentes del nordeste y del norte. Es el aire que desciende valle abajo en las noches despejadas y el que entra tras el paso de las borrascas, seco y frío. En verano el panorama se invierte. Por la tarde, cuando el interior peninsular se calienta, se establece una circulación del suroeste que remonta el valle desde el golfo de Cádiz: entre las 14 y las 19 horas UTC de los meses de junio, julio y agosto, el 83 % de las observaciones con viento corresponden al sector comprendido entre el sur y el oeste, y solo el 1 % son calmas.

Figura 6. Frecuencia de las direcciones del viento en Sevilla Aeropuerto (2010-2025) para todo el año, para el invierno y para las tardes de verano (de 14 a 19 h UTC, de junio a agosto).

Fuente: Cálculo propio a partir de las observaciones horarias SYNOP del aeropuerto (LEZL), distribuidas por Meteostat.

Ese aire del suroeste, el ábrego o poniente en la terminología popular, modera el calor. En los días de verano en que la tarde transcurre con viento de componente este (levante o solano), la máxima media del aeropuerto se sitúa en 38,1 °C; con vientos del suroeste y del oeste baja a 34,6 °C. Ahora bien, el poniente no garantiza el alivio: la mayoría de los días de 40 °C del periodo 2010-2025 se produjeron con viento del suroeste por la tarde, seguramente porque, cuando la masa de aire es muy cálida, la brisa llega tarde, débil o con el aire ya recalentado sobre la campiña.

El ritmo del día

La humedad acompaña a ese ciclo. En julio, el aire del aeropuerto pasa de un 70 % de humedad relativa al amanecer a un 24 % hacia las cinco de la tarde, la hora más cálida, cuando el termómetro roza de media los 36 °C. En enero la humedad ronda el 90 % durante toda la noche y la temperatura más baja se registra en torno a las ocho de la mañana, ya con luz. Esa sequedad del verano es la razón de que 38 °C en Sevilla se soporten mejor que la misma temperatura junto al mar, y también de que la evaporación sea tan intensa.

Un detalle que suele sorprender es la amplitud del ciclo diario: en una tarde de julio el aire está, de media, unos quince grados más caliente que al amanecer, y en algunas jornadas de cielo limpio y aire muy seco la diferencia supera los veinte. Es un rasgo propio de los climas de interior, que la brisa del suroeste suaviza pero no elimina.

Figura 7. Evolución media de la temperatura y de la humedad relativa a lo largo del día en Sevilla Aeropuerto, en enero, abril, julio y octubre (2010-2025). Horas en hora oficial peninsular.

Fuente: Cálculo propio a partir de las observaciones horarias SYNOP del aeropuerto (LEZL), distribuidas por Meteostat.

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02El climaAsí es el clima sevillanoLa clasificación mediterránea, el climograma y el balance de agua.

Un clima mediterráneo de verano muy cálido

La clasificación y el climograma

En la clasificación de Köppen-Geiger que AEMET y el Instituto de Meteorología de Portugal (hoy IPMA) publicaron en el Atlas Climático Ibérico, Sevilla pertenece al tipo Csa: clima templado, con el mes más frío por encima de 0 °C, verano seco y un mes más cálido cuya media supera los 22 °C. Los valores normales del observatorio del aeropuerto lo confirman con holgura: enero tiene una media de 10,9 °C y julio de 28,2 °C (periodo 1981-2010).

El climograma de la figura 8 resume el año. Entre mayo y septiembre, la curva de temperatura queda por encima de las barras de precipitación representadas a doble escala, que es el criterio clásico de Gaussen para definir un mes seco. El resto del año, de octubre a abril, concentra cerca del 85 % de la lluvia.

Figura 8. Climograma de Sevilla Aeropuerto con los valores normales 1981-2010. La precipitación se representa a doble escala que la temperatura (P = 2T); los meses sombreados son secos según ese criterio.

Fuente: AEMET, valores climatológicos normales (estación 5783).

Tabla 1. Sevilla Aeropuerto: ficha climática
ParámetroValor
Situación37° 25′ N, 5° 53′ O · 34 m de altitud
Clasificación de KöppenCsa (templado, de verano seco y caluroso)
Temperatura media anual19,2 °C (1981-2010) · 19,3 °C (1991-2020)
Mes más frío / más cálidoEnero 10,9 °C / julio 28,2 °C
Media de las máximas de julio36,0 °C
Media de las mínimas de enero5,7 °C
Precipitación media anual539 mm (1981-2010) · 504 mm (1991-2020)
Días de precipitación ≥ 1 mm50,5 al año
Horas de sol2.917 al año
Días despejados129 al año
Humedad relativa media59 %
Días de helada / tormenta / niebla3,2 / 9,1 / 18,7 al año
Días de nieve0,0
Temperatura máxima absoluta46,6 °C (23-7-1995)
Temperatura mínima absoluta−5,5 °C (12-2-1956)
Precipitación máxima en un día109,3 mm (2-11-1997)

AEMET, valores normales 1981-2010 (estación 5783), salvo precipitación 1991-2020 (AEMET vía MAPA) y extremos (cálculo propio con la serie diaria 1951-2026).

El balance de agua

La lluvia es solo una parte de la cuenta. La otra es el agua que el suelo y las plantas devolverían a la atmósfera si dispusieran de ella sin límite, la evapotranspiración potencial. Aplicando a los valores normales del aeropuerto el método clásico de Thornthwaite, con una reserva de 100 milímetros en el suelo, esa demanda ronda los 1.000 litros por metro cuadrado al año, casi el doble de la lluvia.

El resultado se aprecia en la figura 9. De diciembre a febrero llueve más de lo que se evapora, el suelo se recarga y queda un excedente de unos 110 litros que alimenta arroyos y acuíferos. En primavera la vegetación tira de la reserva acumulada, y hacia finales de mayo se agota. Desde entonces y hasta octubre el déficit es continuo: unos 570 litros al año que la vegetación natural no puede cubrir y que los cultivos de regadío reciben del río y de los embalses. El método de Thornthwaite, que solo tiene en cuenta la temperatura y la duración del día, tiende a quedarse corto en climas secos y soleados como este; los métodos más completos, como el de Penman-Monteith que emplean las redes agroclimáticas, dan una demanda aún mayor.

Figura 9. Balance hídrico medio de Sevilla Aeropuerto según el método de Thornthwaite, con una reserva útil de 100 mm (valores normales 1981-2010).

Fuente: Cálculo propio a partir de los valores normales de AEMET.

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03TemperaturasTemperaturas y episodios de calorEl ciclo anual, los 40 grados, las noches tropicales, las heladas y los récords.

Las temperaturas

El año, día a día

Las medias mensuales esconden un hecho que la figura 10 pone a la vista: en Sevilla el calor del verano dura mucho más de lo que sugiere el calendario. La máxima media supera los 30 °C desde finales de mayo hasta finales de septiembre, y alcanza su valor más alto, 36,8 °C, en la última semana de julio. La mínima media más baja, unos 6 °C, corresponde a la segunda quincena de enero.

Figura 10. Temperaturas máximas y mínimas de cada día del año en Sevilla Aeropuerto. Líneas: media del periodo 1991-2020, suavizada con una ventana de 31 días. Bandas: intervalo en el que se sitúan ocho de cada diez días (percentiles 10 y 90). Puntos: la máxima más alta y la mínima más baja registradas en cada fecha entre 1951 y 2025.

Fuente: Cálculo propio a partir de los datos diarios de AEMET distribuidos por ECA&D.

La figura muestra también la anchura de las bandas. En verano, la máxima de un día cualquiera de julio se mueve casi siempre entre 30 y 41 °C; en invierno la incertidumbre recae sobre las mínimas, que pueden oscilar entre los 2 y los 12 °C según el cielo esté despejado o cubierto. Los puntos dibujan los récords de cada fecha: los 45 °C solo se han superado en cinco fechas, entre el 27 de junio y el 11 de agosto, y los –4 °C solo se han alcanzado entre diciembre y febrero.

El verano

El verano sevillano es largo. En julio la media de las temperaturas máximas diarias alcanza los 36 °C y en agosto los 35,5 °C (1981-2010). Sobre esa base, cuando se instala una masa de aire muy cálida, el termómetro supera los 40 °C con facilidad. Entre 1991 y 2020 el aeropuerto contabilizó de media casi diez días al año por encima de esa cifra, y en el último decenio la media ha subido a catorce. El récord del observatorio es de 46,6 °C, registrado el 23 de julio de 1995, una de las temperaturas más altas medidas en un observatorio principal de España. Le siguen los 45,9 °C del 11 de agosto de 2012 y los 45,6 °C del día anterior al récord, el 22 de julio de 1995.

Lo que más pesa en la vida cotidiana, sin embargo, son las noches. La media de las mínimas de julio y agosto ronda los 20 °C, que es precisamente el umbral de la llamada noche tropical. En el aeropuerto se cuentan hoy cerca de sesenta noches tropicales al año, y en las olas de calor más duras las mínimas pueden quedarse por encima de los 25 °C, lo que se denomina noche tórrida. Dentro de la ciudad, como se verá en el capítulo 8, esas cifras son todavía mayores.

El calor, además, desborda el calendario estricto del verano. Mayo puede traer los primeros 40 °C (el aeropuerto alcanzó 41,0 °C el 20 de mayo de 2022 y 40,7 °C el 31 de mayo de 2025), y septiembre conserva a menudo el aire del verano: el récord de ese mes es de 44,8 °C, el 5 de septiembre de 2016. En octubre de 2023 se llegó a 37,4 °C.

Tabla 2. Sevilla Aeropuerto: temperaturas extremas de cada mes (1951-2026)
MesMáxima absolutaFechaMínima absolutaFecha
Enero24,2 °C25-1-1959-4,4 °C8-1-1967
Febrero28,0 °C28-2-1960-5,5 °C12-2-1956
Marzo32,9 °C31-3-2015-2,0 °C12-3-1958
Abril36,9 °C27-4-20231,0 °C14-4-1958
Mayo41,0 °C20-5-20223,8 °C11-5-1951
Junio45,2 °C27-6-19658,4 °C3-6-1984
Julio46,6 °C23-7-199511,4 °C3-7-1954
Agosto45,9 °C11-8-201212,0 °C21-8-1954
Septiembre44,8 °C5-9-20168,6 °C16-9-1975
Octubre37,4 °C6-10-20232,0 °C26-10-1964
Noviembre31,2 °C1-11-2009-1,4 °C27-11-1971
Diciembre24,5 °C1-12-1953-4,8 °C13-12-1967

Cálculo propio a partir de la serie diaria de AEMET distribuida por ECA&D (datos hasta febrero de 2026).

Las olas de calor

AEMET define la ola de calor con un criterio regional: al menos tres días seguidos en los que un 10 % de sus estaciones de referencia superan el percentil 95 de sus máximas de julio y agosto. En el caso de Sevilla, donde seis de cada diez días de julio y agosto pasan de 35 °C, ese umbral queda muy alto. Para un análisis local resulta más práctico contar las rachas de tres o más días consecutivos con máximas de 40 °C o más.

Con ese criterio, el aeropuerto registró 17 episodios entre 1951 y 1980 y 42 entre 1991 y 2020, y en los quince años transcurridos desde 2011 ya suma 27. El más largo fue el de julio de 2022, con once días seguidos por encima de 40 °C; el más intenso, el de julio de 1995, en el que la media de las máximas de nueve días fue de 43,7 °C. La tabla 3 recoge los episodios más largos de la serie.

Figura 11. Arriba, número de días con máxima de 40 °C o más en cada año. Abajo, su reparto por meses: cada casilla es un mes de un año, y el color indica cuántos días de 40 °C tuvo.

Fuente: Cálculo propio a partir de los datos diarios de AEMET distribuidos por ECA&D.

La figura 11 permite seguir también el calendario de esos días. Hasta los años ochenta los 40 °C eran cosa de julio y agosto, con alguna aparición aislada en junio o septiembre. Desde los noventa se repiten con más frecuencia en junio, y en 2015, 2022 y 2025 llegaron en mayo. La fecha mediana del primer día de 40 °C del año, que en 1951-1980 era el 16 de julio, se ha adelantado en los últimos quince años hasta finales de junio.

Tabla 3. Sevilla Aeropuerto: los episodios más largos con tres o más días seguidos de 40 °C (1951-2025)
FechasDíasMáxima del episodioMedia de las máximas
7 a 17 de julio de 20221144,8 °C41,9 °C
16 a 24 de julio de 1995946,6 °C43,7 °C
10 a 18 de agosto de 2025944,9 °C43,0 °C
30 de julio a 6 de agosto de 2003845,2 °C42,1 °C
1 a 7 de agosto de 2018744,5 °C42,1 °C
12 a 18 de julio de 1991744,2 °C42,9 °C
27 de junio a 3 de julio de 2025743,2 °C42,0 °C
19 a 25 de agosto de 2023742,6 °C41,9 °C
1 a 6 de agosto de 1992643,2 °C41,8 °C
8 a 13 de agosto de 2003642,4 °C41,3 °C
25 a 30 de julio de 2009642,0 °C40,9 °C
18 a 22 de julio de 1967544,6 °C42,8 °C

Cálculo propio con la serie diaria de AEMET distribuida por ECA&D. Se considera episodio una racha de tres o más días consecutivos con temperatura máxima igual o superior a 40 °C; no coincide con la definición de ola de calor de AEMET, que es regional (véase la nota metodológica). A igualdad de días, se ordenan por la máxima alcanzada.

El invierno

El invierno es suave. Enero, el mes más frío, tiene una media de 16 °C de máxima y 5,7 °C de mínima, y el aeropuerto apenas registra tres días de helada al año (1981-2010), casi siempre débiles y en las horas previas al amanecer. La nieve es prácticamente desconocida: AEMET contabiliza 0,0 días de nieve al año de media.

Eso no quiere decir que no haga frío. Con el anticiclón asentado, cielos despejados y el aire en calma, el suelo pierde calor durante la noche y el aire frío se estanca en el fondo del valle. En esas condiciones las mínimas del campo pueden quedar varios grados por debajo de las del centro de la ciudad, y se forman las nieblas que con frecuencia cubren la vega al amanecer.

Las mínimas más bajas de la serie del aeropuerto, iniciada en 1951, son los –5,5 °C del 12 de febrero de 1956, en plena ola de frío de aquel febrero, el mes más frío del siglo XX en España, y los –4,8 °C del 13 de diciembre de 1967 y del 22 de diciembre de 1979. Las olas de frío de febrero de 1954, enero de 1967, diciembre de 1970 y enero de 1981 dejaron también mínimas de –4 °C o menos. La más baja desde 1990 es de –4,0 °C (24 de enero de 1992), y desde 2010 el termómetro del aeropuerto no ha bajado de –2,0 °C.

Primavera y otoño

Las estaciones intermedias son las más variables. La primavera alterna temporales atlánticos que pueden dejar mucha lluvia, como el de marzo de 2025, con subidas térmicas tempranas: en abril la media de las máximas ya supera los 23 °C, y el récord del mes está en 36,9 °C (27 de abril de 2023). El otoño suele empezar con aspecto de verano y cambia de forma más o menos brusca con la llegada de las primeras borrascas, que convierten octubre, noviembre y diciembre en los meses más lluviosos.

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04PrecipitacionesLa lluvia: cuándo y cuántoDistribución, años secos y húmedos, extremos y variabilidad.

Las precipitaciones

Poca lluvia, mal repartida

Entre 1991 y 2020 el aeropuerto recogió de media 504 litros por metro cuadrado al año, repartidos en unos 50 días de lluvia. Entre octubre y abril cae cerca del 85 % del total; los tres meses del verano apenas suman el 2 %, y julio, con menos de un litro de media, es el mes más seco del año.

La cifra media, sin embargo, esconde una variabilidad enorme. El coeficiente de variación de la lluvia anual en el aeropuerto ronda el 35 %, un valor elevado. El año hidrológico 1961-1962 superó los 1.100 litros, y el de 1998-1999 se quedó en 208; entre los más secos figuran también 2004-2005 (231 litros) y 2021-2022 (257). Hay años que concentran buena parte de su lluvia en unas pocas semanas, como ocurrió en marzo de 2025, cuando el aeropuerto recogió 255,5 litros en un solo mes con el paso encadenado de las borrascas Jana, Konrad, Laurence y Martinho.

Figura 12. Precipitación de cada año hidrológico (octubre a septiembre) en Sevilla Aeropuerto, con la media de toda la serie y la media móvil de diez años. En azul oscuro, los años que superan la media. Los años más secos de la serie son 1998-99 (208 mm), 2004-05 (231 mm) y 2021-22 (257 mm).

Fuente: Cálculo propio a partir de los datos diarios de AEMET distribuidos por ECA&D.

Mes a mes, la regla y la excepción

La irregularidad es todavía mayor si se mira mes a mes. Diciembre tiene una media de 80 litros, pero en la mitad de los años no pasa de 40: unos pocos diciembres muy lluviosos, como los de 1996, 1958 o 2009, elevan la media muy por encima de lo habitual. Lo mismo sucede en enero y en marzo. En los meses de verano la norma es la sequedad absoluta: en nueve de cada diez julios no se llega a recoger un litro, y en junio ocurre en cuatro de cada diez.

Figura 13. Distribución de la precipitación de cada mes en Sevilla Aeropuerto (1951-2025), ordenada según el año hidrológico. La caja abarca el 50 % central de los años y la línea interior es la mediana; los bigotes llegan de los percentiles 10 al 90 y los puntos son los meses extremos. Se rotulan los cinco meses más lluviosos de la serie.

Fuente: Cálculo propio a partir de los datos diarios de AEMET distribuidos por ECA&D.

El mes más lluvioso desde 1951 fue noviembre de 1983, con 361 litros, seguido de enero de 1970 (337) y diciembre de 1996 (310). En el otro extremo, el verano de 1954 dejó la racha seca más larga de la serie: 176 días seguidos sin una sola jornada de lluvia apreciable, del 28 de abril al 20 de octubre. En 2025 la racha estival fue de 147 días, entre el 4 de mayo y el 27 de septiembre.

Las referencias han ido cambiando

La lluvia media que se toma como referencia ha ido bajando con el tiempo. Con los datos diarios del aeropuerto, la media de 1951-1980 se sitúa en unos 614 litros; la de 1981-2010, en 539, y la de 1991-2020, en 502, prácticamente el valor oficial de AEMET. Los quince años de 2011 a 2025 promedian 453 litros. La antigua referencia de 550 a 600 litros que se manejaba para la capital corresponde, por tanto, a las décadas centrales del siglo XX.

Conviene leer esta evolución con prudencia. Una sucesión de inviernos con la NAO en fase positiva, como la que dominó buena parte de los años ochenta y noventa, basta para rebajar la media de un periodo, y unos pocos temporales pueden volver a subirla. Morón de la Frontera, con una serie igual de larga, muestra el mismo descenso: de unos 600 litros en 1951-1980 a 514 en 1991-2020.

Lluvias intensas, tormentas y nieve

La lluvia de Sevilla no suele ser torrencial, pero se concentra en pocos días. De los 50 días de lluvia que tiene un año medio (1991-2020), solo unos 17 superan los 10 litros, unos 3 pasan de 30 y apenas uno de cada dos años registra un día de 50 litros o más. Las diez jornadas más lluviosas de cada año aportan, de media, el 54 % del total anual.

Algunas de esas jornadas igualan la lluvia de un mes entero. Los máximos diarios del aeropuerto son los 109,3 litros del 2 de noviembre de 1997, los 106,1 del 20 de noviembre de 2007, los 101,0 del 19 de noviembre de 1961 (seis días antes de que se rompiera el muro del Tamarguillo) y los 99,4 del 29 de octubre de 2025. Casi todos los grandes episodios se concentran en otoño y a comienzos del invierno.

Las tormentas son poco frecuentes, unos nueve días al año, con máximos en primavera y en octubre. La nieve es excepcional en la capital: la nevada que se recuerda es la del 2 de febrero de 1954, cuando el aeropuerto marcó además una mínima de –4,4 °C.

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05El añoEl cielo y las estacionesSol, niebla, nubes y el paso del invierno al verano.

Sol, nubes y nieblas

Sevilla es una de las ciudades más soleadas de Europa. El aeropuerto suma de media 2.917 horas de sol al año (1981-2010): más de 11 al día en julio y unas 5 en diciembre. Los días completamente despejados son 129 al año, y en julio, dos de cada tres. La insolación disminuye hacia el norte de la provincia: en la Sierra Norte baja de las 2.600 horas anuales, mientras que, según las fichas de paisaje del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, en buena parte de la Campiña se superan las 3.000.

Las nieblas, unos 19 días al año en el aeropuerto, aparecen casi siempre entre octubre y febrero, en situaciones anticiclónicas con el aire húmedo y quieto. Son nieblas de irradiación, propias del fondo del valle, que se forman de madrugada y se disipan a media mañana. Las favorecen la humedad del río y de los regadíos de la vega y el aire frío que se acumula en las zonas bajas; en las laderas y en la cornisa son mucho menos frecuentes.

El año en Sevilla, estación a estación

Invierno (diciembre a febrero). Es la estación de los contrastes entre el día y la noche. Las tardes son templadas, con máximas de 16 a 18 °C, y las madrugadas frescas. Se alternan los episodios lluviosos, cuando las borrascas atlánticas entran por el golfo de Cádiz, con largos periodos anticiclónicos de cielos limpios, nieblas matinales en la vega y alguna helada débil en el campo. El viento dominante es el del nordeste.

Primavera (marzo a mayo). Es la estación más cambiante. Marzo y abril pueden ser muy lluviosos o muy secos, y la temperatura sube con rapidez: en mayo la media de las máximas supera los 27 °C y ya pueden producirse los primeros días de calor intenso. Es también la época de las tormentas de evolución diurna y de las intrusiones de polvo sahariano.

Verano y prolongación estival (junio a septiembre). Bajo el dominio del anticiclón, el cielo permanece despejado durante semanas y la lluvia desaparece. Las máximas rondan los 35-36 °C de media, con episodios por encima de los 40 °C, y las noches apenas bajan de 20 °C. Por la tarde suele entrar el viento del suroeste, que en los mejores días suaviza el ambiente; cuando sopla el levante, el calor es más seco y más duro. Septiembre conserva casi siempre el carácter estival.

Otoño (octubre y noviembre). El cambio llega con las primeras borrascas atlánticas o con alguna dana, que pueden dejar lluvias intensas. Octubre todavía ofrece días de más de 30 °C, y noviembre es ya un mes templado y húmedo, uno de los más lluviosos del año.

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06Circulación atmosféricaRegímenes de viento en SevillaEl aire de abajo, el solano, los temporales atlánticos y los vientos de cada estación.

Regímenes de viento en Sevilla

Dinámica del viento en la capital: estaciones, masas de aire, calor, frío, temporales y nombres populares

Un aire que tiene nombre

En Sevilla el viento se nombra. Se habla del aire de abajo que entra por la tarde, del solano que convierte la calle en un horno, del ábrego que trae el agua o del gallego que limpia el cielo después de la lluvia. Detrás de cada nombre hay una dirección, una época del año y, sobre todo, un tipo de aire con una historia distinta: aire que viene del océano, aire que ha pasado días sobre la meseta o el Sáhara, aire frío de Europa oriental. Por eso el viento es la mejor forma de entender por qué un día de julio la ciudad se queda en 34 °C y otro, con un cielo igual de limpio, llega a 45.

Este apartado repasa cómo se mueve el aire sobre Sevilla capital a lo largo del año y en las situaciones que más la afectan: la tarde de verano, las olas de calor, las noches frías, los temporales atlánticos, el levante que acompaña a las danas y las entradas de polvo africano. Se apoya en las observaciones horarias del aeropuerto de San Pablo entre 2010 y 2025, en las series diarias de racha máxima y dirección del viento desde 1987, en retrotrayectorias calculadas con el reanálisis ERA5 y en mapas del reanálisis del NCEP. La nota metodológica del final detalla cada paso.

Un valle que respira en dos direcciones

El valle del Guadalquivir es un pasillo de unos 250 kilómetros entre Sierra Morena, al norte, y las sierras béticas, al sur. Abierto al golfo de Cádiz por el suroeste y estrechándose hacia Córdoba y Jaén por el nordeste, encauza casi todo el aire que circula cerca del suelo. El viento de Sevilla sopla, por eso, en dos direcciones principales y opuestas: del suroeste, valle arriba, y del nordeste, valle abajo. Es lo que en la tradición local se llama, con toda propiedad, el aire de abajo y el aire de arriba.

Figura V1. El valle del Guadalquivir y sus dos flujos principales. Las rosas muestran, para cada estación, el porcentaje de días en que el viento dominante procedió de cada dirección entre 1991 y 2025 (en azul, del sur al oeste; en naranja, del nordeste al este). Las flechas son un esquema de los flujos descritos en el texto.

Rosas: cálculo propio con las series diarias de dirección del viento de ECA&D (AEMET). Relieve: SRTM. Límites y ríos: Natural Earth.

Explorar los datos de la figura V1

Las rosas de la figura 1 lo muestran con claridad. En el aeropuerto de Sevilla, la mitad de los días el viento dominante procede del sector comprendido entre el sur-suroeste y el oeste, y una cuarta parte, del nordeste o el este. En Córdoba, donde el valle gira y se orienta casi de este a oeste, el reparto es parecido pero los dos lóbulos se tuercen: oeste-suroeste y oeste por un lado, este y este-nordeste por otro. En Morón, al pie de las primeras sierras y fuera del eje del valle, domina con claridad el viento del oeste y del oeste-suroeste.

Hace casi treinta años, el geógrafo Manuel Viedma comparó las direcciones del viento de los observatorios andaluces y concluyó que en ninguno era tan marcada como en Sevilla la inversión estacional del viento: el nordeste en otoño e invierno y el suroeste en primavera y verano. Lo describió como un efecto de tipo monzónico, a pequeña escala, favorecido por la ausencia de obstáculos entre la ciudad y el océano. Los datos recientes lo confirman.

El año del viento: inviernos del nordeste, veranos del suroeste

En diciembre, el 61 % de las horas con viento en el aeropuerto soplan del nordeste o del este; en julio, el 56 % lo hacen del suroeste (figura 3). Entre ambos extremos, la primavera y el otoño son estaciones de transición en las que los dos flujos se alternan según el paso de las borrascas y los anticiclones.

Figura V2. Rosas de los vientos de Sevilla Aeropuerto por estaciones del año, con la frecuencia de cada dirección y de cada intervalo de velocidad (porcentaje de todas las observaciones horarias). En el centro, el porcentaje de calmas.

Cálculo propio con las observaciones horarias SYNOP de Sevilla Aeropuerto (LEZL), 2010-2025, distribuidas por Meteostat.

El invierno es la estación de las calmas y del nordeste (figura 2). Una de cada cinco observaciones de diciembre a febrero registra menos de 2 km/h, y el viento que sopla procede sobre todo del nordeste y del este-nordeste. Es en buena parte aire frío que desciende por el valle en las noches despejadas, el mismo que se remansa en la vega y produce las heladas y las nieblas de las que se habla en el capítulo de las comarcas. En verano, en cambio, las calmas se reducen al 11 % y la rosa se vuelca hacia el suroeste y el sur-suroeste, con velocidades mayores.

Figura V3. Arriba, reparto mensual de las horas con viento en Sevilla Aeropuerto según la dirección de procedencia. Abajo, velocidad media del viento y porcentaje de horas en calma.

Cálculo propio con las observaciones horarias SYNOP de Sevilla Aeropuerto (LEZL), 2010-2025, distribuidas por Meteostat.

La velocidad media, en torno a 10 km/h, es moderada durante todo el año. Los meses más ventosos son marzo y junio, con algo más de 11 km/h: marzo por el paso de las últimas borrascas y junio por la fuerza que adquiere la circulación de la tarde. Los menos ventosos son octubre y noviembre, con algo más de 9 km/h. Sevilla no es una ciudad de vientos fuertes, pero sí de vientos muy regulares, que cambian con la hora del día casi tanto como con la estación.

La tarde de verano y la llegada del aire de abajo

En los días despejados de verano el viento sigue un ciclo diario tan regular que muchos sevillanos lo conocen sin haberlo medido nunca. Al amanecer, el aire está casi quieto: entre las 6 y las 8 de la mañana la velocidad media apenas pasa de 5 km/h y la poca brisa que hay procede del nordeste, valle abajo. A media mañana el viento se queda sin dirección definida. Y a primera hora de la tarde empieza a entrar el suroeste, que gana fuerza hasta alcanzar su máximo, unos 20 km/h de media, hacia las 8 de la tarde, y sigue soplando, ya girado al sur-suroeste, hasta la madrugada (figura 4). Entre las 16 y las 21 horas de junio a agosto, casi ocho de cada diez observaciones registran viento del sur al oeste y menos del 2 % son calmas.

El mecanismo es el de una gran brisa térmica. Al calentarse el interior peninsular se forma sobre él una depresión de origen térmico, la baja térmica ibérica, que en el valle se refuerza con una pequeña baja que, según ha descrito AEMET, se forma en el alto Guadalquivir, entre Montoro y Andújar, y se hace mayor a la vez que se desplaza valle abajo a lo largo de la tarde. El aire más fresco y denso del golfo de Cádiz acude a rellenar ese hueco y remonta el valle. La brisa marina propiamente dicha y el viento de valle se suman así en un único flujo del suroeste que el habla popular llama aire de abajo o marea.

Figura V4. Ciclo diario del viento en verano en Sevilla Aeropuerto. Arriba, velocidad media y frecuencia de cada dirección a cada hora (hora oficial). Abajo, a la izquierda, hora en que empieza a soplar el viento del suroeste de forma sostenida; a la derecha, temperatura máxima media de los días según esa hora de entrada.

Cálculo propio con las observaciones horarias SYNOP de Sevilla Aeropuerto (LEZL), junio a agosto de 2010-2025, distribuidas por Meteostat; temperaturas máximas de ECA&D.

Explorar otros valores de la figura V4

La hora a la que llega importa, y mucho. En la parte inferior de la figura se ha identificado, para cada día de verano, la primera hora a partir de las 11 de la mañana en que el viento sopla del suroeste con al menos 9 km/h durante dos horas seguidas. En un 13 % de los días ya sopla a las 11 o antes: suelen ser jornadas con una circulación general del oeste, más frescas, con máximas medias de 32,5 °C. Lo habitual es que entre entre las 14 y las 17 horas. Cuando lo hace a las 18 o a las 19 horas, la máxima media sube a 37,9 °C, más de cinco grados por encima de los días en que llega temprano. Y en un 7 % de los días no llega a entrar.

Conviene tener presente que la máxima del día suele alcanzarse entre las 16 y las 18 horas. Si el aire de abajo llega antes, frena la subida; si llega después, la máxima ya se ha producido y su efecto se nota sobre todo en la tarde-noche y en la madrugada siguiente. Ese es el alivio de las noches de verano sevillanas cuando la brisa es buena, y lo que se echa en falta en las noches de ola de calor.

El calor: solano, levante y falso poniente

Hay una idea muy extendida, y en parte cierta, según la cual en Sevilla el calor extremo viene con el levante y el alivio con el poniente. Los datos la matizan. De los 1.470 días de verano analizados entre 2010 y 2025, en tres de cada cuatro la tarde transcurrió con viento del suroeste. En los 194 días en que la máxima llegó a 40 °C o más, el viento de la tarde siguió siendo del suroeste en el 64 % de los casos; el del nordeste y el este, que solo aparece en el 9 % de las tardes de verano, subió al 15 % (figura 5).

Figura V5. A la izquierda, temperatura máxima y punto de rocío medio de la tarde (de 15 a 19 h) de cada día de verano, según la dirección dominante del viento en esas horas. A la derecha, reparto de esas direcciones en todos los días de verano y en los días con 40 °C o más.

Cálculo propio con las observaciones horarias SYNOP de Sevilla Aeropuerto (LEZL) y las temperaturas máximas de ECA&D, junio a agosto de 2010-2025.

Las tardes con viento del nordeste o el este son, de media, las más cálidas (37,7 °C de máxima) y las más secas, con un punto de rocío de 8 °C. Corresponden a lo que en Sevilla se llama solano y, a veces, levante: aire que llega después de recorrer el interior peninsular o el norte de África. Pero la nube de puntos de la figura enseña algo más. Muchos de los días más calurosos, con 43, 44 o 45 °C, tuvieron viento del suroeste o del oeste y un aire tan seco como el del solano, con puntos de rocío por debajo de 5 °C. Ese aire no puede venir del mar.

Es lo que se suele llamar falso poniente: un viento que tiene la dirección del poniente o del aire de abajo, pero cuyo recorrido ha sido continental. Para comprobarlo se ha reconstruido el camino que siguió el aire que llegaba a Sevilla a las cinco de la tarde de cada día de verano de 2020 a 2025, durante las 24 horas anteriores y a unos cien metros sobre el suelo, a partir del viento del reanálisis ERA5 (figura 6). La diferencia entre unos días y otros es muy clara.

Figura V6. Recorrido del aire durante las 24 horas anteriores a su llegada a Sevilla, a las 17 h, en las tardes de verano de 2020 a 2025, a unos 100 metros sobre el suelo. Cada línea es un día, coloreado según la temperatura máxima registrada. A la derecha, valores medios de cada grupo en el aeropuerto.

Retrotrayectorias: cálculo propio con el viento a 100 m del reanálisis ERA5 (Copernicus, vía Open-Meteo). Temperatura y humedad: Sevilla Aeropuerto (ECA&D y observaciones SYNOP, Meteostat).

Cuando el aire del suroeste llega directamente del Atlántico, tras menos de ocho horas sobre tierra, la máxima media es de 31,4 °C, el punto de rocío de 14 °C y la humedad de la tarde del 40 %. En las 72 tardes de ese tipo no hubo ni un solo día de 40 °C. Ese es el aire de abajo que de verdad refresca.

En cambio, 135 tardes con viento del suroeste o del oeste en el aeropuerto trajeron aire que llevaba al menos 24 horas sin tocar el mar, o que procedía del Mediterráneo. En la mayoría de los casos, el aire había bajado por Portugal y Extremadura desde el noroeste y entraba en el valle girando hacia el este, atraído por la baja térmica; en otros, procedía del levante del Estrecho y llegaba a Sevilla tras cruzar las sierras de Cádiz y Málaga, desviado por el propio valle. La máxima media de esas tardes fue de 38 °C, la humedad del 22 % y uno de cada tres días llegó a 40 °C. Las tardes de solano o levante propiamente dichas, con viento del nordeste, el este o el sureste, fueron 37, con una máxima media de 38,7 °C.

De los 102 días de 40 °C o más de esos seis veranos, 43 fueron de falso poniente y 16 de solano o levante. Ninguno se dio con aire atlántico directo. El resto corresponde a situaciones intermedias, con aire que había pasado por el mar entre 8 y 24 horas antes y que había tenido tiempo de recalentarse sobre el Andévalo, el Aljarafe o la campiña. El 11 de agosto de 2012, el aeropuerto registró 45,9 °C con viento del oeste a 20-26 km/h y una humedad relativa del 5 %; el 24 y el 25 de julio de 2022, 44,1 y 44,5 °C con viento del oeste-suroeste y puntos de rocío en torno a 0 °C. Son casos de manual de falso poniente.

La consecuencia práctica es importante para quien sigue el tiempo en Sevilla: la dirección del viento no basta para anticipar el alivio. Lo que decide si el aire de la tarde refresca es su recorrido, y la señal más fiable a pie de calle es la humedad. Cuando el viento del suroeste entra húmedo, la tarde mejora; cuando entra seco, el termómetro sigue subiendo.

El frío: el aire de arriba y las noches en calma

En invierno el papel protagonista pasa al nordeste. Los días más fríos de Sevilla, aquellos en que la máxima no llega a 12 °C, son pocos (38 en los inviernos de 2010 a 2025), y en siete de cada diez el viento de la tarde sopló del nordeste o del este. Es el aire de arriba en su versión invernal: aire polar continental o aire frío estancado sobre la meseta que baja valle abajo, seco y cortante. El 18 de enero de 2017 es un buen ejemplo: máxima de 9,8 °C, viento del este-nordeste de 28 km/h por la tarde y un punto de rocío de 11 grados bajo cero.

Figura V7. A la izquierda, porcentaje de horas en calma y velocidad media del viento entre las 2 y las 8 de la madrugada en las noches de noviembre a marzo, según la temperatura mínima de la noche. A la derecha, rosa de los vientos de esas horas en las noches con mínima de 2 °C o menos.

Cálculo propio con las observaciones horarias SYNOP de Sevilla Aeropuerto (LEZL), 2010-2025, distribuidas por Meteostat; temperaturas mínimas de ECA&D.

Las noches más frías, en cambio, no son las de viento del nordeste, sino las de calma (figura 7). Cuando la mínima baja de 4 °C, alrededor de un tercio de las horas de la madrugada se registran en calma y la velocidad media se queda en 5 o 6 km/h; en las noches templadas, con mínimas de más de 10 °C, las calmas bajan al 16 % y el viento medio pasa de 10 km/h. El poco viento que hay en las noches de helada procede, en tres de cada cuatro casos, del norte, el nor-nordeste, el nordeste o el este-nordeste. Es la brisa de drenaje: el aire enfriado sobre las laderas de Sierra Morena y los llanos de la campiña que resbala, muy despacio, hacia el fondo del valle. Esa misma dinámica explica que la cornisa del Aljarafe sea más templada que la vega en las noches de invierno, como se describe en el capítulo de las comarcas.

Ábregos, temporales y borrascas

El ábrego es, en la tradición andaluza, el viento templado y húmedo del suroeste que trae la lluvia; su nombre procede del latín africus. En Sevilla es el viento de las borrascas atlánticas que entran por el golfo de Cádiz. Casi la mitad de la lluvia que recoge la ciudad (el 47 %) cae en días de viento dominante del suroeste, y si se añaden el sur y el oeste la proporción supera los dos tercios (figura 8).

Detrás del ábrego suele llegar el gallego, el viento del oeste-noroeste que sigue al paso de los frentes fríos. Trae aire polar marítimo, más fresco, chubascos dispersos y, sobre todo, cielos muy limpios: los días más transparentes del invierno sevillano suelen ser los que siguen al paso de una borrasca.

Figura V8. A la izquierda, porcentaje de los días (en azul claro) y de la lluvia recogida (en azul oscuro) según la dirección dominante del viento de cada día. A la derecha, número de días con rachas de 70 km/h o más en cada mes, según la dirección dominante del viento.

Cálculo propio con las series diarias de precipitación, dirección del viento y racha máxima de Sevilla Aeropuerto (ECA&D, AEMET), 1987-agosto de 2026.

Explorar otros valores de la figura V8

Los temporales de viento son también, en su gran mayoría, cosa del ábrego. Entre 1987 y agosto de 2026 el aeropuerto registró 183 días con rachas de 70 km/h o más, unos cuatro o cinco al año. Se concentran entre octubre y abril, con un máximo en diciembre, y casi desaparecen de mayo a septiembre. El 59 % se produjo con viento dominante del suroeste, el 19 % del oeste o el noroeste, normalmente en el giro que sigue al paso del frente, y el 13 % del sur o el sureste. Ocho de cada diez fueron días de lluvia.

Tabla V1. Días con las rachas de viento más fuertes en Sevilla Aeropuerto desde 1987
FechaRacha máxima (km/h)Viento dominante del díaSituación
31-12-1998115SurTemporal atlántico
3-12-1987111SuroesteTemporal atlántico
18-12-1989111Sur-suroesteTemporal atlántico
13-2-2026105Oeste-noroesteBorrasca Oriana, tras el tren de borrascas de enero y febrero
5-11-1997104Sur-suroesteTemporal de la riada de Badajoz
19-1-2013104Sur-suroesteCiclogénesis explosiva Gong; viento medio del día de 46 km/h, el más alto de la serie
22-10-2023104SurBorrasca Bernard; rachas de unos 130 km/h en la campiña
10-1-1987102SuroesteTemporal atlántico
26-5-2002101NoroesteProbable reventón tormentoso
10-4-2003101SuroesteTemporal atlántico
9-2-2014100OesteTemporal atlántico
20-12-201995SuroesteBorrasca Elsa
28-1-202693OesteBorrasca Kristin
1-3-201891SuroesteBorrasca Emma

Fuente: ECA&D, serie diaria de racha máxima y dirección del viento de Sevilla Aeropuerto (AEMET), 1987-agosto de 2026; nombres de las borrascas según AEMET. Se ha descartado el valor de 137 km/h del 3-2-2001, con un viento medio diario de solo 3 km/h, por dudoso. La racha de un punto no representa fenómenos muy locales: el 2-2-2026 el aeropuerto registró 84 km/h mientras un tornado y vientos lineales de 150 a 220 km/h causaban daños en el Aljarafe y Dos Hermanas.

Las rachas más fuertes de la serie rondan los 100-115 km/h (tabla 1). Destacan la ciclogénesis explosiva Gong, el 19 de enero de 2013, con el viento medio diario más alto registrado (46 km/h), y la borrasca Bernard, el 22 de octubre de 2023, que entró por Huelva y dejó rachas de unos 130 km/h en la campiña. El invierno de 2026 añadió un episodio excepcional: entre el 22 de enero y el 14 de febrero, un tren de borrascas atlánticas (Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo, Marta, Nils y Oriana) dejó en Andalucía una de las mayores acumulaciones de lluvia en tres semanas desde 1961 y, en el aeropuerto, rachas de 93 km/h con Kristin y de 105 km/h con Oriana. El 2 de febrero de ese año, el paso de un frente frío muy activo produjo además un tornado en la planta solar de Sanlúcar la Mayor y vientos lineales estimados en 150 a 180 km/h en Mairena del Aljarafe, Gines y Dos Hermanas, mientras el anemómetro del aeropuerto se quedaba en 84 km/h. Es un recordatorio de que una estación aislada no siempre capta los fenómenos más violentos, que pueden ser de escala muy local.

El levante húmedo: retrogresiones e inestabilidad

No todo el levante de Sevilla es seco. Cuando una dana, una bolsa de aire frío en altura desprendida de la circulación general, se sitúa al oeste o al suroeste de la península, el flujo en superficie se vuelve del este o del sureste sobre Andalucía occidental. Ocurre con frecuencia en las situaciones de bloqueo: un anticiclón se asienta sobre Francia, las islas británicas o el Cantábrico y la baja fría, en lugar de seguir su camino hacia el este, retrocede hacia el oeste o el suroeste. Es lo que los meteorólogos llaman retrogresión.

En esas situaciones el aire que llega a Sevilla ha recorrido el Mediterráneo occidental o el mar de Alborán y se ha cargado de humedad; el aire frío de la dana, en altura, lo vuelve inestable; y la propia circulación cerrada alrededor de la baja lo hace converger y ascender. El resultado son tormentas, chubascos intensos y, en ocasiones, lluvia de barro si el flujo arrastra antes polvo del norte de África. Es una forma de llover muy distinta del ábrego atlántico: menos frecuente, más irregular y mucho más intensa.

Los datos lo reflejan bien. Los días con viento dominante del sureste o del sur son solo el 4,5 % del total, pero recogen el 20 % de la lluvia de Sevilla, con una media de 15 litros por metro cuadrado por día de lluvia, la más alta de todas las direcciones. En otoño, el 26 % de la lluvia llega con esas direcciones; en invierno, sumando el nordeste y el este, la proporción supera el 40 %. De los 111 días con 30 litros o más desde 1987, 48 se produjeron con viento del sector comprendido entre el nordeste y el sur. Un ejemplo reciente es el 30 de octubre de 2024: la dana que causó la catástrofe de Valencia se desplazó después hacia el suroeste peninsular, y en Sevilla dejó 42 litros con viento del sureste y rachas de 71 km/h.

Polvo en el aire

Las intrusiones de polvo africano son otro de los episodios ligados a la circulación del sur y del este. Según el modelo de composición atmosférica de Copernicus (CAMS), entre agosto de 2022 y septiembre de 2026 Sevilla tuvo una media de unos doce días al año con una concentración media de polvo en superficie de 50 microgramos por metro cúbico o más. Los episodios se concentran en marzo y abril, con un segundo grupo en verano y en octubre (figura 9). Los más intensos de ese periodo fueron los del 7 de abril y el 24 de marzo de 2024, el 11 de abril de 2025 y el 11 de abril de 2026, con más de 100 microgramos de media diaria.

Figura V9. A la izquierda, número medio de días al año con una concentración media de polvo en superficie de 50 µg/m³ o más en Sevilla, por meses. A la derecha, frecuencia de cada dirección del viento en superficie en las horas con esa concentración, comparada con todas las horas.

Polvo: Copernicus Atmosphere Monitoring Service (CAMS), análisis global, vía Open-Meteo, agosto de 2022-septiembre de 2026. Viento: observaciones SYNOP de Sevilla Aeropuerto (Meteostat), agosto de 2022-septiembre de 2025.

Un detalle llamativo es que el viento en superficie apenas cambia durante esos episodios: sigue dominado por el suroeste y el nordeste, igual que el resto del tiempo. El polvo no llega con el viento que se siente en la calle, sino por encima, en una capa de aire sahariano que avanza entre uno y cinco kilómetros de altura impulsada por el flujo del sur que precede a las danas y las borrascas situadas al oeste de Portugal o sobre el golfo de Cádiz. Desde ahí se va depositando o es arrastrado por la lluvia, y por eso los coches amanecen cubiertos de barro con cualquier viento. Esos días, además, suelen ser cálidos para la época: la máxima media de los días con polvo fue unos 2 °C superior a la normal de su mes.

Seis situaciones tipo

Los mapas de la figura 10 reúnen seis situaciones reales que resumen lo visto hasta aquí. El color indica la temperatura a 850 hPa, a unos 1.500 metros de altura, que es la mejor forma de identificar la masa de aire, porque no depende del calentamiento diario del suelo. Las líneas oscuras son las isobaras en superficie, y las discontinuas, la altura de la superficie de 500 hPa, que dibuja las dorsales y las danas en la atmósfera media.

Figura V10. Seis situaciones meteorológicas características del viento en Sevilla, a partir de los valores medios diarios del reanálisis NCEP/NCAR.

Reanálisis NCEP/NCAR R1 (NOAA PSL), medias diarias. Elaboración propia.

Explorar los datos de la figura V10

El 15 de julio de 2024 es un día de verano corriente: la baja térmica ocupa la península, el anticiclón de las Azores queda al oeste y el aire de abajo entró a las 15 horas con un punto de rocío de 16 °C; la máxima se quedó en 34,9 °C. El 11 de julio de 2022, con una dorsal sobre la península y bajas presiones relativas sobre el norte de África, sopló solano del este-sureste a 27 km/h por la tarde, con un punto de rocío de 1 °C, y la máxima llegó a 42,5 °C. El 24 de julio de 2022, el aire a 850 hPa alcanzaba 26 °C sobre Andalucía occidental, el viento de superficie procedía del oeste-suroeste y la máxima fue de 44,1 °C: falso poniente.

En invierno, el 5 de febrero de 2026 muestra una borrasca profunda, Leonardo, al oeste de las islas británicas, con un intenso flujo del suroeste sobre la península: en Sevilla, viento medio de 40 km/h, rachas de 82 km/h y 18 litros. El 30 de octubre de 2024, la dana retrógrada se sitúa sobre el suroeste peninsular, rodeada de presiones altas al norte, y el flujo en superficie es del este y del sureste. Y el 18 de enero de 2017, un anticiclón sobre Europa central empuja aire polar continental hacia la península; a 850 hPa la temperatura sobre Sevilla rondaba los -3 °C y en el aeropuerto sopló el aire de arriba con la máxima en 9,8 °C.

Las masas de aire

Cada viento de Sevilla trae, en el fondo, una masa de aire distinta (tabla 2). La clasificación clásica distingue las masas por su región de origen, polar, ártica o tropical, y por si se han formado sobre el mar o sobre el continente. En Sevilla conviene añadir dos tipos de aire que no son masas en sentido estricto pero que explican buena parte de sus extremos: el aire continental recalentado sobre la propia península en verano, que llega como solano o como falso poniente, y el aire mediterráneo húmedo que acompaña al levante de las danas.

Tabla V2. Masas de aire que llegan a Sevilla y viento con el que entran
Masa de aireOrigenViento en SevillaRasgosTiempo típico
Ártica marítimaOcéano Glacial Ártico, por el mar de NoruegaNorte-noroeste, tras un frente fríoMuy fría en origen, templada por el mar; inestableDías frescos y ventosos, chubascos y, rara vez, granizo
Polar marítimaAtlántico NorteOeste y noroeste (gallego, poniente)Fresca y húmeda; inestableChubascos tras los frentes, cielo que se limpia, aire muy transparente
Polar continentalRusia y Europa orientalNordeste y este (aire de arriba)Muy fría y muy secaCielos despejados, heladas en la vega y la campiña, días fríos con viento del nordeste
Tropical marítimaAtlántico subtropical, en torno a las AzoresSuroeste y sur (ábrego)Templada y húmedaInviernos suaves, lluvias frontales, nubes bajas
Tropical continentalSáharaSur, sureste y este, a menudo en alturaMuy cálida, seca y con polvoOlas de calor, calima, lluvias de barro
Aire continental ibérico*El propio interior peninsular en veranoEste (solano) o, tras recircular, oeste y suroeste (falso poniente)Muy cálido y muy secoMáximas de 42 a 46 °C con humedades del 5 al 20 %
Aire mediterráneo*Mediterráneo occidental y mar de AlboránEste y sureste (levante húmedo), con danas al suroesteTemplado, húmedo e inestableTormentas y lluvias intensas, a veces con barro

Clasificación clásica de masas de aire según Viñas (tiempo.com) y la climatología de España. *Las dos últimas filas no son masas de aire en sentido clásico, sino aire modificado sobre la península o el Mediterráneo, de gran importancia en Sevilla.

Los nombres del viento en Sevilla

Los nombres populares del viento recogen siglos de observación. Muchos aparecen en el Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía, que documentó cómo se llamaba el viento en cada pueblo, y en los trabajos del meteorólogo Lorenzo García de Pedraza. La tabla 3 reúne los que se usan en Sevilla capital y su entorno, con su dirección, su época y sus efectos según los datos analizados.

Tabla V3. Los nombres del viento en Sevilla
NombreProcedenciaCuándo soplaCarácter y efectos en la ciudad
Aire de abajo, mareaSuroeste (sur-suroeste)Tardes de primavera y veranoRemonta el valle desde el golfo de Cádiz, atraído por el calentamiento del interior. Si su recorrido ha sido marino, baja la temperatura de la tarde, sube la humedad y refresca la noche. Suele entrar entre las 13 y las 17 h y alcanza su máxima fuerza hacia las 20 h.
Ábrego (vendaval cuando arrecia)SuroesteDe otoño a primavera, con borrascas atlánticasTemplado, húmedo y «llovedor»: trae casi la mitad de la lluvia de la ciudad. En los temporales sopla racheado, con rachas de 70 a 110 km/h.
PonienteOesteTodo el añoAire atlántico, fresco y limpio cuando su recorrido es marino. En verano solo alivia si llega directamente del océano.
GallegoOeste-noroesteTras el paso de los frentesAire polar marítimo: limpia el cielo, refresca el ambiente y deja chubascos dispersos.
Falso ponienteOeste-suroeste a oeste-noroesteOlas de calor de veranoTiene la dirección del poniente o del aire de abajo, pero el aire llega tras pasar uno o más días sobre Portugal, Extremadura o el interior andaluz (o desde el Mediterráneo, cruzando las sierras de Cádiz y Málaga). Es seco y muy cálido y no refresca: con él se han registrado algunas de las máximas más altas del aeropuerto.
SolanoEste-sureste a este-nordesteVeranoAire recalentado sobre el interior peninsular o el norte de África. Muy seco; tardes de 40 a 45 °C, a veces con calima, y noches que apenas refrescan.
LevanteEsteTodo el año; húmedo en primavera y otoñoEn verano se confunde con el solano. Cuando una dana se sitúa al suroeste, llega cargado de humedad mediterránea y trae tormentas y lluvias intensas.
Aire de arriba, nordesteNordesteOtoño e invierno; madrugadas de todo el añoBaja valle abajo desde la campiña de Córdoba. En invierno es frío y seco: días claros y frescos, heladas en los llanos y nieblas en la vega.
NorteNorteNoches de invierno; rara vez fuerteBrisa de drenaje que baja de Sierra Morena en las noches despejadas. Con aire ártico o polar continental trae los días más fríos.
Terral——Nombre propio de la costa de Málaga, donde designa el viento del norte que baja recalentado de los montes. En Sevilla no es un término tradicional: su papel lo cumplen el solano y el falso poniente.

Fuentes: Atlas Lingüístico y Etnográfico de Andalucía (ALEA), recogido por Ibtihaj Abbas Ahmed (2017); García de Pedraza; Viedma Muñoz (1998); AEMET. Las horas y los efectos proceden del análisis de este trabajo con los datos del aeropuerto (2010-2025). «Falso poniente» es una denominación descriptiva, no un término dialectal recogido en los atlas.

Dos aclaraciones. La primera, sobre el terral: aunque a veces se use en Sevilla, es un nombre propio de la costa de Málaga, donde designa el viento del norte que desciende de los montes recalentado y seco. En la capital, ese papel de viento cálido de tierra lo cumplen el solano y el falso poniente. La segunda, sobre el poniente y el aire de abajo: en el uso corriente se emplean casi como sinónimos del viento fresco de la tarde, y como se ha visto, su efecto depende menos de la dirección que del recorrido del aire. Por eso tiene sentido hablar de un falso poniente.

Las series utilizadas, las condiciones de selección y las limitaciones de los cálculos se detallan en Fuentes y método de elaboración.

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07El clima urbanoSevilla y la isla de calorLos observatorios de referencia, el calor urbano y las noches de verano.

Sevilla: observatorios e isla de calor

Lo que miden las estaciones oficiales

Las dos estaciones de referencia de Sevilla están fuera del tejido urbano denso. El aeropuerto de San Pablo se encuentra a unos diez kilómetros al nordeste del centro, en campo abierto, y es la estación que se utiliza para comparar Sevilla con otras capitales. Tablada está en el borde suroeste de la ciudad, junto al río y en los terrenos abiertos del antiguo aeródromo; durante décadas se la consideró el «verdadero observatorio de Sevilla».

Sus registros se parecen mucho. Entre 2010 y 2025 las dos tienen una temperatura media de casi 20 °C y valores muy similares de lluvia. Las mínimas de Tablada son entre dos y siete décimas más altas que las del aeropuerto de noviembre a mayo, y algo más bajas en pleno verano, cuando la cercanía del río y la entrada del aire del suroeste refrescan antes su entorno. Tablada suma de media 50 noches tropicales al año y el aeropuerto, 58. Ninguna de las dos refleja, sin embargo, lo que sucede en las calles del centro o de los barrios.

La isla de calor

Materiales, asfalto, climatización y el calor que la ciudad guarda de día y devuelve de noche.

Una ciudad que fabrica su propio calor

Dentro de la ciudad, el asfalto, la piedra, el hormigón y los muros de ladrillo absorben durante el día buena parte de la radiación del sol, la almacenan y la devuelven lentamente por la noche. Las calles estrechas, con poco cielo visible, dificultan además que ese calor escape hacia la atmósfera. A todo ello se suma el calor que generan las personas: el de los motores de los vehículos y, sobre todo en verano, el que expulsan a la calle los equipos de aire acondicionado. Es la llamada isla de calor urbana, y su rasgo característico es que la diferencia de temperatura entre la ciudad y el campo es pequeña por la tarde y máxima de madrugada.

Figura IC-1. Esquema de la isla de calor de Sevilla. Arriba, la temperatura del aire de noche en un corte oeste-este de la ciudad. Abajo, la temperatura máxima que alcanzan a media tarde distintas superficies en un día medio de julio, según el modelo térmico descrito en este capítulo, y la media que registra el satélite en cada píxel.

Fuente: Esquema propio con valores de Romero Rodríguez et al. (2020), Universidad Pablo de Olavide (2025), universidades de Sevilla y Granada (2025) y Jadraque Gago et al. (2020). Temperaturas de superficie: modelo térmico propio.

Un mosaico de superficies

La ciudad no se calienta de manera uniforme. Cada superficie responde al sol según cuatro propiedades físicas, y basta que cambie una de ellas para que dos puntos separados por pocos metros se encuentren a temperaturas muy distintas.

La primera es el albedo, la fracción de la radiación solar que la superficie refleja. Un asfalto recién extendido devuelve apenas el 5 % de la luz que recibe y, con los años, llega al 10-20 %. El hormigón o la piedra clara reflejan entre el 25 y el 40 %, y una fachada encalada o una cubierta pintada de blanco pueden superar el 70 %. Según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, cada aumento de diez puntos en el albedo de un pavimento rebaja su temperatura máxima en torno a 4 °C. El albedo explica sobre todo cuánto se calienta una superficie a mediodía.

La segunda es la emisividad, la capacidad de la superficie para perder calor en forma de radiación infrarroja. Casi todos los materiales de construcción tienen emisividades altas, entre 0,90 y 0,95, de modo que esta propiedad diferencia poco a unos de otros. La excepción son los metales sin pintar, que emiten mal y retienen el calor.

La tercera, y la más importante para entender lo que sucede de noche, es la inercia térmica, que depende de la conductividad del material y de su capacidad para almacenar calor. Los climatólogos la expresan mediante la admitancia térmica: cuanto mayor es, más calor penetra en el material durante el día y más tarda en devolverlo. El hormigón y la piedra tienen admitancias tres o cuatro veces mayores que las de un suelo seco; el asfalto, el doble. La tierra seca y suelta, llena de aire entre sus granos, es un mal conductor: se calienta mucho en la superficie, pero el calor apenas penetra y se pierde enseguida al ponerse el sol.

La cuarta es el agua. Una superficie húmeda o con vegetación transpirando dedica buena parte de la energía que recibe a evaporar agua y no a calentarse. Por eso un césped regado se mantiene a la temperatura del aire, o incluso por debajo, mientras el pavimento de al lado supera los 60 °C.

A estas propiedades se suman la orientación y la sombra. Una fachada orientada al oeste recibe el sol de la tarde, cuando el aire ya está más caliente, y alcanza su máximo al final del día; la que mira al este se calienta por la mañana y está ya a la sombra en las horas más duras. Un árbol o un toldo cortan la radiación directa sobre el suelo. Y en una calle estrecha y profunda, el sol solo llega al pavimento unas pocas horas, aunque a cambio el calor queda atrapado entre las paredes durante la noche.

Tabla 1. Propiedades de los materiales y resultados del análisis térmico (día despejado de julio en Sevilla)
Material Albedo k (W/m·K) C (MJ/m³·K) μ (J/m²·s½·K) Máx. día medio (°C) Máx. ola de calor (°C) Mín. (°C) Almacenado (MJ/m²) Noche (W/m²)
Asfalto 0,10 0,75 1,94 1.206 61,4 65,8 22,3 6,3 +35
Hormigón 0,30 1,51 2,11 1.785 51,6 56,1 23,5 6,6 +47
Losa de piedra clara 0,35 2,19 2,25 2.220 50,3 54,9 22,7 6,5 +43
Tierra seca 0,25 0,25 1,42 596 60,1 64,7 19,5 3,3 −4
Césped regado 0,23 1,58* 3,10* 2.213* 35,1 36,1 18,9 4,6 −49
Chapa metálica oscura 0,15 – – – 70,2 74,9 16,3 0,2 −48

Albedo: fracción de radiación solar reflejada. k: conductividad térmica. C: capacidad calorífica volumétrica. μ: admitancia térmica (inercia), raíz de k·C. Máx.: temperatura máxima de la superficie en el día medio de julio (aire 21-36 °C) y en el día de ola de calor (aire 24-42 °C). Mín.: temperatura mínima de la superficie en el día medio (aire: 20,9 °C). Almacenado: calor acumulado por el material a lo largo del día. Noche: calor sensible cedido al aire entre las 21 y las 7 h (negativo: la superficie enfría el aire). *Suelo húmedo bajo el césped. Propiedades: Oke (1987) y EPA (2012). Resultados: cálculo propio.

Análisis térmico de un día de verano en Sevilla

Para cuantificar estas diferencias se ha calculado la temperatura que alcanzan distintas superficies a lo largo de un día de julio en Sevilla con un modelo físico sencillo, del tipo que se emplea habitualmente en climatología urbana. El modelo resuelve el balance de energía en la superficie (radiación solar absorbida, radiación infrarroja recibida del cielo y emitida por el material, calor cedido al aire y, en el césped, evaporación) y la conducción del calor hacia el interior del material, capa a capa, hasta dos metros de profundidad. Las condiciones del aire (temperatura, humedad y viento hora a hora) son las reales del aeropuerto de Sevilla en dos situaciones: el día medio de julio del periodo 2010-2025, con temperaturas entre 21 y 36 °C, y la media de los 17 días de julio de ese periodo en que la máxima llegó a 42 °C o más, con temperaturas entre 24 y 42 °C. La radiación solar es la de un día despejado de mediados de julio. Las propiedades de cada material proceden de las tablas de referencia de la climatología urbana y se recogen en la tabla 1. La nota metodológica del final detalla el procedimiento.

Figura IC-2. Temperatura de la superficie de distintos materiales a lo largo de un día despejado de julio en Sevilla, calculada con el modelo térmico. A la izquierda, en un día medio de julio; a la derecha, en un día de ola de calor. La línea discontinua es la temperatura del aire en el aeropuerto.

Fuente: Cálculo propio. Forzamiento meteorológico: observaciones horarias del aeropuerto de Sevilla (LEZL, 2010-2025, Meteostat). Propiedades de los materiales: Oke (1987) y EPA (2012).

Los resultados reproducen bien lo que se ha medido en la ciudad. En un día medio de julio, con 36 °C de máxima en el aire, el asfalto al sol alcanza 61 °C hacia las cuatro de la tarde, y en un día de ola de calor roza los 66 °C. El equipo de Javier de Sola, en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Sevilla, ha medido en verano asfaltos de unos 60 °C en los barrios de la ciudad, y en junio de 2026 las cámaras termográficas de Greenpeace registraron más de 60 °C en las pistas y en los muros de un colegio de Triana. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos sitúa entre 48 y 67 °C la máxima habitual de los pavimentos convencionales en verano.

La chapa metálica oscura, la de muchas naves industriales, marquesinas y cubiertas, es la superficie que más se calienta, con 70 °C en un día medio y 75 °C en uno de ola de calor. El hormigón y la piedra clara se quedan entre 50 y 56 °C gracias a su mayor albedo, y el césped regado no pasa de 35-36 °C, prácticamente la temperatura del aire.

El caso de la tierra seca merece atención aparte. Un suelo agostado, sin agua que evaporar, alcanza a media tarde 60 °C en un día medio y 65 °C en uno de ola de calor, valores muy parecidos a los del asfalto. En la temperatura máxima la diferencia entre ambos es pequeña y depende del color de cada uno: un asfalto oscuro supera ligeramente a una tierra de tono medio, y una tierra clara, como el albero, se queda por debajo. La gran diferencia está en lo que ocurre bajo la superficie. El asfalto conduce el calor hacia su interior y lo almacena; la tierra seca, no. Asaeda y Ca (1996), que midieron y modelizaron en verano el comportamiento del asfalto, el hormigón y el suelo desnudo, comprobaron que el asfalto almacenaba y devolvía a la atmósfera mucho más calor que el suelo desnudo: en el momento de máxima diferencia, 150 W/m² más de radiación infrarroja y 200 W/m² más de calor cedido al aire.

Lo que se guarda de día se devuelve de noche

La figura 3 muestra ese almacenamiento hora a hora. Entre las ocho de la mañana y las seis de la tarde, el flujo de calor hacia el interior del material es positivo: el pavimento absorbe energía y la acumula en sus primeros centímetros. A partir de entonces el flujo se invierte, y durante toda la noche el material devuelve ese calor hacia la superficie. En un día medio de julio, el asfalto guarda unos 6,3 MJ por metro cuadrado, y el hormigón y la piedra, entre 6,5 y 6,6. La tierra seca apenas almacena 3,3 MJ, la mitad.

Figura IC-3. Flujo de calor hacia el interior del material a lo largo de un día medio de julio en Sevilla. Los valores positivos indican que el material almacena calor; los negativos, que lo devuelve hacia la superficie. En la leyenda, el calor almacenado a lo largo del día.

Fuente: Cálculo propio con el modelo térmico descrito en la nota metodológica.

Esa diferencia de almacenamiento decide el comportamiento nocturno. Entre las nueve de la noche y las siete de la mañana, el hormigón y la piedra ceden al aire de la calle una media de 43 a 47 W por metro cuadrado, y el asfalto, unos 35. La tierra seca, en cambio, se enfría tan deprisa tras la puesta de sol que a medianoche ya está a la temperatura del aire, y al amanecer queda más de un grado por debajo. El césped y la chapa metálica, que apenas guardan calor, enfrían el aire que tienen encima (figura 4).

Figura IC-4. Comportamiento nocturno de cada superficie en un día medio de julio. Izquierda: calor sensible que la superficie cede al aire entre las 21 y las 7 h (valores positivos) o que le quita (negativos). Derecha: diferencia entre la temperatura de la superficie y la del aire a las 6:30 h.

Fuente: Cálculo propio con el modelo térmico descrito en la nota metodológica.

Este es, en esencia, el mecanismo de la isla de calor nocturna. Sobre el campo, el suelo se enfría y enfría el aire; sobre la ciudad, los pavimentos y los muros siguen calentándolo durante horas. Por eso la diferencia entre la ciudad y el campo crece a lo largo de la noche y alcanza su máximo al amanecer, como registraron en el centro de Sevilla Romero Rodríguez y sus colaboradores.

Sombras, calles estrechas y fachadas

El modelo permite también comparar un mismo material en distintas situaciones (figura 5). El asfalto a la sombra de un árbol cuya copa intercepta tres cuartas partes de la radiación se queda en 40 °C a media tarde, unos 20 °C menos que al sol. Las mediciones reales, con sombras parciales que se desplazan a lo largo del día, dan reducciones algo menores: el laboratorio ArqWellness de la Universidad de Sevilla, dirigido por Miguel Ángel Campano, ha estimado que la sombra de un naranjo rebaja la temperatura del pavimento entre 8 y 12 °C en las condiciones del verano sevillano.

En una calle estrecha orientada de norte a sur, el sol solo alcanza el suelo durante unas tres horas en torno al mediodía, pero en ese rato el asfalto supera los 57 °C. Lo más llamativo llega de noche: como desde el fondo de la calle apenas se ve el cielo y las paredes devuelven parte de la radiación, el pavimento se mantiene al amanecer más de 3 °C por encima del aire, más que cualquier otra superficie del cálculo.

Figura IC-5. Temperatura de la superficie en un día medio de julio. Izquierda: un mismo asfalto al sol, en el fondo de una calle estrecha orientada de norte a sur y a la sombra de un árbol. Derecha: una fachada de ladrillo de color medio orientada al oeste y otra al este.

Fuente: Cálculo propio con el modelo térmico descrito en la nota metodológica.

Las fachadas siguen el sol. La que mira al este alcanza unos 46 °C a media mañana y pasa la tarde a la sombra; la orientada al oeste llega a 49 °C hacia las siete de la tarde y aún cede al aire de la calle unos 34 W por metro cuadrado durante la noche, el doble que la del este. En una calle con fachadas de poniente, el calor del día se prolonga así hasta bien entrada la noche.

El calor que añadimos: climatización y tráfico

A la energía del sol se suma la que libera la propia actividad humana. En verano, la principal fuente es el aire acondicionado. Un equipo de climatización no destruye el calor: lo extrae de la vivienda y lo expulsa al exterior, junto con la energía eléctrica que consume el compresor. Con un rendimiento habitual de 3, por cada 3 kW de frío que se producen dentro salen unos 4 kW de calor por la unidad exterior, a la calle, al patio de luces o a la azotea.

En Sevilla el fenómeno tiene un peso considerable. Según la Encuesta de Características Esenciales de la Población y las Viviendas de 2021 del INE, el 88 % de los hogares de la provincia dispone de aire acondicionado, frente a la mitad en el conjunto de España. Una estimación sencilla para un barrio residencial denso, con 100 viviendas por hectárea, da un aporte de entre 18 y 35 W por metro cuadrado de suelo mientras los equipos funcionan (tabla 2). Es una cifra del mismo orden que el calor que el asfalto cede al aire por la noche, y superior a la del tráfico: en el centro de Toulouse, Pigeon y sus colaboradores (2007) estimaron unos 9 W/m² para la circulación de vehículos y entre 15 y 30 W/m² para el conjunto del calor de origen humano en verano.

Tabla 2. Estimación del calor expulsado por el aire acondicionado en un barrio residencial denso de Sevilla
Supuesto Noche (dormitorios) Tarde-noche (salón y dormitorios)
Viviendas por hectárea 100 100
Hogares con aire acondicionado 88 % 88 %
Potencia frigorífica media en funcionamiento por vivienda 1,5 kW 3 kW
Calor expulsado por cada kW de frío (COP = 3) 1,33 kW 1,33 kW
Calor expulsado por hectárea 176 kW 352 kW
Calor expulsado por metro cuadrado de suelo 18 W/m² 35 W/m²

Cálculo de orden de magnitud con supuestos explícitos. Porcentaje de hogares con aire acondicionado: INE, ECEPOV 2021 (provincia de Sevilla). El rendimiento (COP) de 3 es un valor típico de los equipos domésticos en condiciones de verano; con temperaturas exteriores muy altas el rendimiento baja y el calor expulsado aumenta.

Figura IC-6. Fuentes de calor para el aire de la calle durante la noche, en W por metro cuadrado de suelo: calor cedido al aire por distintas superficies según el modelo (día medio de julio, de 21 a 7 h), estimación del calor expulsado por el aire acondicionado en un barrio residencial denso de Sevilla y valores medidos de calor de origen humano en el centro de Toulouse. En las barras con dos tonos, el claro indica el rango.

Fuente: Cálculo propio; Pigeon et al. (2007); INE, ECEPOV 2021.

Su efecto sobre la temperatura del aire se ha medido con modelos en otras ciudades. En París, de Munck y sus colaboradores (2013) calcularon que el aire acondicionado existente elevaba la temperatura de la calle entre 0,25 y 1 °C durante la ola de calor de 2003, y que si se duplicara el calor expulsado por los equipos el aumento local llegaría a 2 o 3 °C, siempre más de noche que de día. En Phoenix, Salamanca y sus colaboradores (2014) obtuvieron aumentos nocturnos de más de 1 °C en algunas zonas de la ciudad. El efecto es mayor de noche porque la capa de aire en contacto con el suelo es entonces mucho más delgada y el calor se acumula en menos volumen. Se produce además un círculo vicioso: más calor en la calle obliga a climatizar más, y climatizar más expulsa más calor a la calle.

Lo que se ha medido en Sevilla

Los estudios realizados en la ciudad coinciden en el patrón descrito. Un trabajo publicado en 2020 por Romero Rodríguez y otros investigadores de la Universidad de Sevilla, que diseñaron recorridos de medida por el centro histórico en julio de 2019, registró una intensidad máxima de la isla de calor de 3,1 °C a las diez de la noche, y un sensor fijo indicó que hacia las seis de la mañana la diferencia podía superar los 7 °C. Otro trabajo de la misma universidad, que midió temperaturas a lo largo del carril bici, encontró además «islas de frescor» durante las horas centrales del día en calles estrechas y sombreadas del casco antiguo.

Un estudio internacional con participación de la Universidad Pablo de Olavide observó que el calor es más intenso en la periferia este de la ciudad y que el río templa el oeste y el centro. Las universidades de Sevilla y Granada han relacionado las zonas más calurosas con la falta de arbolado y de sombra, que coinciden en buena medida con barrios socialmente más vulnerables. Según los trabajos de Javier de Sola, los barrios con mayor calor percibido son polígonos residenciales construidos en la segunda mitad del siglo XX, como el Polígono Sur, Los Pajaritos, Torreblanca, Pino Montano o San Pablo, y su tesis en curso estima que combinar colores más claros en cubiertas y pavimentos, toldos y más vegetación podría rebajar la sensación térmica de esos barrios entre 5 y 7 °C, y la temperatura del aire alrededor de un grado.

De día y de noche, dos mapas distintos

Cuando lo que se mide desde el espacio es la temperatura de las superficies, la imagen diurna parece invertirse. Las imágenes del satélite Landsat de los meses de julio de 1987, 2000 y 2017 analizadas por Jadraque Gago y otros autores en 2020 muestran que el suelo urbano de Sevilla está a media tarde más fresco que su entorno agrícola.

No hay contradicción con lo expuesto. Cada píxel del satélite cubre decenas de metros y mezcla en una sola cifra el asfalto al sol con las fachadas en sombra, los patios, los árboles, las azoteas y el río. En ese promedio, la ciudad sale más fresca que la vega agostada, cuyos campos secos se calientan de manera homogénea. Pero dentro de la ciudad hay superficies concretas, como el asfalto oscuro al sol o la chapa de las naves, que se calientan tanto o más que la tierra seca. Y, sobre todo, la ciudad guarda el calor que el campo pierde: de día no es la que más se calienta, pero de noche es la que peor se enfría.

Las características del modelo, los criterios de cálculo y las referencias bibliográficas de este análisis se detallan en Fuentes y método de elaboración.

La diferencia entre la temperatura del aire y la de las superficies explica también las lecturas tan elevadas de muchos relojes-termómetro urbanos. Consulte el estudio de los termómetros de la calle →

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08Investigación · 2013—2026Los termómetros de la callePor qué muestran cifras exageradas y qué diferencia hay entre temperatura del aire y sensación térmica.

Los termómetros de la calle

Por qué no marcan la temperatura del aire ni la sensación térmica: un análisis con datos de Sevilla.

Trece años después

En octubre de 2013 El Tiempo Sevilla publicó un artículo titulado «La gran mentira de los termómetros callejeros». Partía de una observación que cualquier sevillano puede repetir cada verano: los relojes-termómetro de las calles, las farmacias y las marquesinas marcan con frecuencia 48, 50 o incluso 55 °C, cifras que nunca aparecen en los datos oficiales. Aquel artículo comparaba las lecturas de múltiples aparatos de Sevilla capital con la temperatura real del aire y concluía que, con 40 °C reales, los termómetros de la calle mostraban entre 46 y 52 °C, y que el desvío crecía a medida que subía la temperatura.

Este texto vuelve sobre aquella cuestión con más herramientas. Repasa cómo se mide oficialmente la temperatura y por qué; analiza, uno a uno, los motivos por los que los termómetros urbanos se equivocan; calcula con un modelo físico, y con los datos meteorológicos reales de Sevilla de los veranos de 2010 a 2025, cuánto debería marcar un aparato de ese tipo; y compara sus lecturas con los índices que sí pretenden medir la sensación térmica. La conclusión de 2013 se mantiene, con algún matiz: los termómetros de la calle no miden la temperatura del aire, y tampoco la sensación térmica, aunque al sol el calor que soporta una persona es, efectivamente, mucho mayor que el que indica la temperatura oficial.

Imagen 1. Un reloj-termómetro de una calle de Sevilla marcando 50 °C bajo el sol del verano.

Fotografía: archivo de El Tiempo Sevilla.

Un termómetro mide su propia temperatura

Conviene empezar por una idea sencilla que explica casi todo lo demás: un termómetro no mide la temperatura del aire, sino la suya propia. El sensor, sea un bulbo de mercurio o un chip electrónico, intercambia calor con todo lo que le rodea: con el aire que lo toca, con el sol que le da, con el suelo y las paredes que irradian calor hacia él y con la carcasa en la que va metido. Su temperatura es el resultado de ese balance. Solo cuando el sensor está protegido de la radiación y bien ventilado, el aire domina el intercambio y la lectura coincide con la temperatura del aire.

Por eso la temperatura del aire se mide siempre a la sombra. Pero no basta con cualquier sombra: la de un toldo o la de un muro también dejan pasar el calor que irradian el propio toldo, el muro o el suelo recalentado. Hace falta una sombra que no se caliente y que deje circular el aire.

Cómo se mide oficialmente la temperatura

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) fija en su Guía de instrumentos y métodos de observación las condiciones de una medida válida. El sensor debe ir dentro de una garita o protector de radiación, de color blanco y con laminillas que dejen pasar el aire, entre 1,25 y 2 metros sobre el suelo, sobre un terreno natural con vegetación baja y lejos de edificios, árboles y superficies que acumulen calor. En España, AEMET utiliza garitas de madera pintadas de blanco, situadas a entre 1 y 2 metros del suelo.

Imagen 2. Garita meteorológica de tipo Stevenson: caja blanca con laminillas que protegen el sensor del sol y dejan circular el aire, a la altura reglamentaria y sobre terreno natural.

Fotografía: CambridgeBayWeather. Wikimedia Commons, dominio público.

Imagen 3. Garita en un buen emplazamiento: terreno llano y abierto, hierba baja, horizonte despejado y ningún edificio, árbol o pavimento en las proximidades. A la izquierda, un pluviómetro con pantalla contra el viento. Estación de Kvithamar (Noruega), con una garita de laminillas del modelo noruego MI-46.

Fotografía: Bioforsk. Wikimedia Commons, dominio público.

La OMM clasifica además los emplazamientos en cinco clases según su entorno. Un emplazamiento de clase 1 está en terreno llano y abierto, con hierba baja y a más de 100 metros de cualquier fuente de calor artificial, superficie reflectante o masa de agua. En la clase 4, las superficies artificiales pueden ocupar hasta la mitad del círculo de 10 metros alrededor del sensor. La clase 5 recoge todo lo que no cumple la anterior, y la OMM le atribuye una incertidumbre añadida de hasta 5 °C. Un termómetro callejero sobre una acera, junto a la calzada y entre edificios, sería en el mejor de los casos de clase 5, y además carece de la garita, que es el requisito básico de cualquier medida.

Tabla T1. Clasificación de los emplazamientos para medir la temperatura del aire según la OMM
ClaseSueloDistancia a superficies artificiales o aguaSin sombra con el sol por encima dePendienteIncertidumbre añadida
1Natural, con vegetación baja (menos de 10 cm)Más de 100 m5°Menos de 19°No se indica (referencia)
2Natural, con vegetación baja (menos de 10 cm)Más de 30 m7°Menos de 19°No se indica
3Natural, con vegetación baja (menos de 25 cm)Más de 10 m7°No se exigeHasta 1 °C
4No se exigeMenos del 50 % de la superficie en un radio de 10 m y menos del 30 % en 3 m20°No se exigeHasta 2 °C
5No se exigeNo cumple los requisitos de la clase 4No se exigeNo se exigeHasta 5 °C
Termómetro callejero típicoAcera de asfalto o baldosaRodeado de calzada y fachadasAl sol directo—Clase 5 en el mejor de los casos, y además sin garita

Fuente: Organización Meteorológica Mundial, Guía de instrumentos y métodos de observación (OMM-n.º 8), anexo de clasificación de emplazamientos. Superficies artificiales: edificios, pavimentos, aparcamientos y otras fuentes de calor o superficies reflectantes. La última fila es una valoración de este trabajo, no una categoría de la OMM.

Tabla T2. Lo que exige la OMM para medir la temperatura del aire y lo que ofrece un termómetro callejero típico
Aspecto Medida oficial (OMM) Termómetro callejero típico
Protección de la radiación Garita o protector blanco con laminillas Ninguna o carcasa metálica, a menudo oscura
Ventilación Natural a través de las laminillas, o forzada Sensor encerrado, con poca renovación del aire
Altura Entre 1,25 y 2 m Variable, a menudo 2-3 m, cerca de la pantalla
Suelo bajo el sensor Natural, con vegetación baja Asfalto, baldosa o piedra
Entorno Lejos de edificios y superficies artificiales (clase 1: más de 100 m) Junto a calzadas y fachadas, en plena calle
Sombra El protector da sombra; el emplazamiento debe estar despejado Exposición directa al sol, a veces más de 8 horas seguidas
Sensor Calibrado y con mantenimiento periódico Comercial; calibración y ubicación desconocidas
Incertidumbre añadida por el entorno Clase 1-2: mínima; clase 5: hasta 5 °C Al sol, del orden de 5 a 13 °C (este trabajo)

Fuente: Organización Meteorológica Mundial, Guía de instrumentos y métodos de observación (OMM-n.º 8) y anexo de clasificación de emplazamientos; descripción del termómetro callejero según El Tiempo Sevilla (2013) y AEMET.

Por qué se equivocan los termómetros de la calle

Los motivos que señalaba el artículo de 2013 siguen siendo los mismos, y la física permite ordenarlos y medir su peso.

La insolación directa. Es la causa principal. Un aparato expuesto al sol de un mediodía de julio en Sevilla recibe del orden de 800 a 900 W por metro cuadrado de radiación directa. Si no está protegido, la absorbe y se calienta muy por encima del aire que lo rodea. AEMET lo resume de forma gráfica: al sol, estos termómetros muestran la temperatura de su propio material, no la del aire.

El color y el material de la carcasa. Una carcasa oscura absorbe entre el 80 y el 90 % de la radiación que recibe; una blanca, entre el 20 y el 30 %. El metal, además, conduce el calor de la carcasa al sensor. La figura T3 muestra que, en las mismas condiciones, una carcasa negra se desvía unas tres veces más que una blanca.

La falta de ventilación. El sensor suele ir encerrado en el interior de la estructura, donde el aire apenas se renueva. Cuanto menos aire circula, peor se disipa el calor absorbido. Con brisa el error se reduce; en las tardes de calma, se dispara.

La masa térmica y la acumulación. Mástiles, paneles y carcasas metálicas tienen inercia: se calientan poco a poco durante las horas de sol y tardan en enfriarse. El artículo de 2013 lo llamaba la «estaticidad» del aparato: al pasar ocho o más horas seguidas al sol, el calor se acumula y la lectura no baja aunque llegue una racha de aire más fresco.

El entorno: asfalto, paredes y reflejos. Estos aparatos se instalan sobre aceras y junto a calzadas cuyo pavimento supera los 60 °C en verano, y a menudo cerca de fachadas soleadas. Ese suelo y esos muros irradian calor hacia el sensor y reflejan parte de la luz del sol. Es justo lo contrario de la hierba baja que exige la OMM.

La altura y la posición del sensor. El sensor suele estar a dos o tres metros, cerca de la pantalla o de la electrónica del panel, que también desprende calor. Su ubicación exacta casi nunca es pública: en 2013 no fue posible obtener la hoja técnica de los modelos instalados en Sevilla.

La calidad y la calibración. Son sensores comerciales sin las exigencias de calibración y mantenimiento de una estación meteorológica, y cada aparato marca un valor distinto. Por eso dos termómetros separados por cien metros pueden diferir varios grados.

De noche, el error cambia de signo. Sin sol, la carcasa pierde calor por radiación hacia el cielo despejado y puede quedar ligeramente por debajo del aire. Un estudio realizado en São Paulo en 2018, que comparó termómetros de calle con una estación de referencia construida según las normas de la OMM, obtuvo un exceso medio de unos 2 °C en las horas de sol (mayor con el cielo despejado) y un defecto de 1,5 °C por la noche.

Cuánto se equivocan: un modelo con los datos de Sevilla

Para cuantificar el error se ha simulado con un modelo físico un termómetro callejero típico: un sensor dentro de una carcasa metálica oscura, al sol, a unos dos metros de altura sobre una acera de asfalto. El modelo calcula minuto a minuto el balance de energía de la carcasa (radiación solar, radiación infrarroja del cielo y del asfalto, y calor cedido al aire según el viento) y la temperatura del propio asfalto, con las condiciones meteorológicas reales del aeropuerto de Sevilla, hora a hora, de mayo a septiembre de 2010 a 2025. El grado en que el sensor «nota» el calentamiento de la carcasa es el único parámetro que se ha ajustado, a partir de las observaciones de 2013. La nota metodológica describe el procedimiento.

Figura T1. Temperatura máxima que marcaría un termómetro callejero en función de la temperatura máxima real del aire. En rojo, las observaciones de El Tiempo Sevilla de 2013; en azul, el resultado del modelo para todos los días de mayo a septiembre de 2010-2025 (línea: valor medio; banda: intervalo de ocho de cada diez días). Los rombos son casos publicados en prensa. La línea discontinua marca dónde coincidirían lectura y aire.

Fuente: Observaciones: El Tiempo Sevilla (2013). Modelo: cálculo propio con datos horarios de Sevilla Aeropuerto (LEZL, Meteostat). Casos: Maldita.es (2022, 2025) y Xataka (2016); temperaturas oficiales de AEMET.

El resultado es claro. En un día de verano cualquiera, el termómetro simulado alcanza su máxima unos 8 °C por encima de la máxima real del aire, y en ocho de cada diez días el exceso está entre 5,5 y 10 °C. En los días más calmados y despejados supera los 13 °C. Con 40 °C reales, el modelo da lecturas de 46 a 50 °C, exactamente el intervalo que se observó en 2013. Sevilla Aeropuerto marcó 42,0 °C el 24 de agosto de 2023, y ese día el modelo da una lectura máxima de 50,2 °C; una fotografía de la agencia AFP mostró precisamente un termómetro de Sevilla marcando 50 °C esa jornada (figura T2).

Hay, sin embargo, una diferencia con las observaciones de 2013 que merece explicarse. En el modelo, el exceso es casi constante, de 7 a 8 °C, sea cual sea la temperatura del aire; en las observaciones crecía con ella, desde unos 3 °C con 25 °C reales hasta casi 12 °C con 43 °C. Caben varias explicaciones, no excluyentes. Los aparatos reales tienen más masa metálica que la carcasa del modelo y paneles retroiluminados que desprenden calor, de modo que acumulan más a lo largo de un día largo de sol. Los días de 25 °C de máxima en Sevilla suelen ser días de primavera o con nubes y viento, que el modelo representa de forma simplificada. Y las lecturas de 2013 se tomaron a distintas horas, mientras que el modelo compara máximas diarias. Los casos publicados en prensa, con desvíos de 8 a 12 °C, se sitúan en torno a ambas curvas.

Figura T2. Temperatura del aire observada en Sevilla Aeropuerto el 24 de agosto de 2023 y lectura que habría dado, según el modelo, un termómetro callejero sobre una acera de asfalto. La línea de puntos es la temperatura calculada de la superficie del asfalto.

Fuente: Temperatura del aire: AEMET, observaciones horarias SYNOP de Sevilla Aeropuerto (Meteostat). Termómetro y asfalto: cálculo propio.

La figura T2 muestra también la forma del error a lo largo del día. A primera hora de la mañana, el termómetro y el aire coinciden; en cuanto el sol empieza a calentar la carcasa, la lectura se separa y llega a superar al aire en 8 o 9 °C por la tarde. Tras la puesta de sol, el aparato se enfría deprisa y de madrugada queda en torno a un grado y medio por debajo del aire, lo mismo que se midió en São Paulo.

Figura T3. Exceso de la lectura de un termómetro al sol sobre la temperatura del aire, según el modelo, en función del viento y del color de la carcasa, para un mediodía de verano con 40 °C en el aire y el asfalto a 62 °C. La franja inferior indica el error típico de una garita meteorológica ventilada.

Fuente: Cálculo propio. Error de los protectores de radiación: Liu et al. (2023) y Guía de la OMM.

El error, por tanto, no es una cifra fija que pueda restarse sin más. Depende del sol, del viento, del color y la masa del aparato, de su entorno y de la hora. Una carcasa oscura en una tarde sin viento puede desviarse más de 10 °C; la misma carcasa pintada de blanco, entre 1,5 y 4 °C; y un sensor dentro de una garita ventilada, menos de un grado.

Ni temperatura real ni sensación térmica

El artículo de 2013 advertía de que estos aparatos no marcan tampoco la sensación térmica. La afirmación es correcta, pero merece desarrollarse, porque la sensación térmica no es una sola cifra y porque, al sol, el calor que soporta una persona sí es bastante mayor que la temperatura oficial.

La temperatura del aire que publica AEMET es la del aire a la sombra. Describe muy bien el estado de la atmósfera y permite comparar lugares y épocas, pero no lo que siente una persona, que depende también de la humedad (que dificulta o facilita la evaporación del sudor), del viento y, sobre todo, de la radiación que recibe del sol y de las superficies calientes que la rodean. Para combinar todos esos factores se han desarrollado distintos índices (tabla T2).

Tabla T3. Principales índices de sensación térmica y qué tienen en cuenta
Índice Qué combina Uso habitual
Temperatura del aire Solo la temperatura del aire a la sombra Referencia oficial; avisos y climatología
Índice de calor (Heat Index) Temperatura y humedad, a la sombra y con viento flojo Servicio Meteorológico de Estados Unidos
Humidex Temperatura y humedad Servicio Meteorológico de Canadá
Temperatura aparente (Steadman) Temperatura, humedad, viento y, en su versión completa, radiación Servicio Meteorológico de Australia
UTCI (Índice Climático Térmico Universal) Temperatura, humedad, viento y temperatura radiante media (sol y superficies), con un modelo fisiológico del cuerpo humano Investigación y servicios meteorológicos europeos; escala de estrés térmico
WBGT (temperatura de globo y bulbo húmedo) Temperatura de bulbo húmedo, de globo negro (radiación) y del aire Salud laboral y deporte (norma ISO 7243)

Referencias: Rothfusz (1990); Masterton y Richardson (1979); Steadman (1994); Bröde et al. (2012); ISO 7243. Categorías de estrés del UTCI: 26-32 °C moderado; 32-38 °C fuerte; 38-46 °C muy fuerte; más de 46 °C extremo.

La figura T4 y la figura T5 muestran cuánto valen esos índices en Sevilla a lo largo de un día medio de julio y de un día de ola de calor, calculados con las condiciones reales del aeropuerto. Hay tres resultados que conviene subrayar.

Figura T4. Temperatura del aire y distintos índices de sensación térmica a lo largo de un día medio de julio y de un día de ola de calor en Sevilla, junto con la lectura del termómetro callejero simulado. El UTCI «al sol» corresponde a una persona de pie a pleno sol sobre asfalto; de noche, a un espacio abierto.

Fuente: Cálculo propio con la biblioteca pythermalcomfort. Datos: Sevilla Aeropuerto (LEZL, 2010-2025, Meteostat) y modelo térmico de superficies.

El primero es que, a la sombra y con el aire seco de las tardes sevillanas, la sensación térmica no supera a la temperatura del aire, e incluso queda algo por debajo. A las cinco de la tarde de un día medio de julio, con 35,6 °C y un 24 % de humedad, el índice de calor es de 34 °C y el UTCI a la sombra, también de 34 °C. La sequedad del aire facilita la evaporación del sudor, que es el principal mecanismo de refrigeración del cuerpo.

El segundo es que al sol la situación cambia por completo. Con el sol de la tarde y el asfalto a 60 °C, el UTCI de una persona de pie en la calle sube a 40 °C en un día medio y a 47,5 °C en un día de ola de calor, valores que corresponden a estrés térmico «muy fuerte» y «extremo». La percepción de que al sol hace mucho más calor que la cifra oficial no es una ilusión.

El tercero es que, aun así, el termómetro callejero no mide eso. En el modelo, su lectura queda incluso por encima del UTCI al sol: 42 °C en el día medio y 49 °C en el de ola de calor, a las cinco de la tarde. Las lecturas observadas en 2013, de 50 a 55 °C en los días de 40 a 43 °C, lo superan con creces. El aparato no transpira, no tiene en cuenta la humedad ni el efecto del viento sobre el cuerpo y su error depende de su propio diseño. Y de noche marca menos que el aire justo cuando la ciudad mantiene a sus vecinos en estrés térmico: a medianoche de un día de ola de calor, con más de 30 °C en el aire, el UTCI a la sombra todavía ronda los 29 °C. Si en algún momento coincide con el calor que siente una persona al sol, es por casualidad.

Figura T5. Temperatura del aire, índices de sensación térmica y lectura del termómetro callejero a las 17 h en un día medio de julio y en un día de ola de calor en Sevilla.

Fuente: Cálculo propio. Datos: Sevilla Aeropuerto (LEZL, 2010-2025, Meteostat).

Las consecuencias de un número equivocado

La primera consecuencia es una idea falsa del clima de Sevilla. Las cifras de 50 °C o más que muestran los termómetros de la calle y que reproducen con frecuencia fotografías y noticias no se han registrado nunca en ningún observatorio de Europa. El récord europeo, verificado por la OMM, es de 48,8 °C (Floridia, Sicilia, 11 de agosto de 2021); el de España, de 47,6 °C (La Rambla, Córdoba, 14 de agosto de 2021), y el del aeropuerto de Sevilla, de 46,6 °C (23 de julio de 1995). Si los 50 o 55 °C de la calle fueran reales, Sevilla batiría cada verano el récord del continente.

La segunda es la desconfianza hacia la información oficial. Quien ve 50 °C en la calle y escucha que la máxima ha sido de 42 °C tiende a pensar que los datos oficiales se quedan cortos. En realidad, miden cosas distintas, y la oficial es la única comparable entre lugares y entre años.

La tercera tiene que ver con el riesgo. Las cifras exageradas pueden generar alarma, y, al mismo tiempo, quien se acostumbra a ellas puede restar importancia a una máxima oficial de 38 o 40 °C, que, al sol y en la calle, supone ya un estrés térmico muy fuerte. Los avisos por calor de AEMET y los planes de prevención del Ministerio de Sanidad se basan en la temperatura máxima oficial, con umbrales fijados a partir de la climatología de cada zona y, en el caso de Sanidad, de su relación con la mortalidad.

Qué se puede hacer

Para conocer la temperatura real, la referencia son los datos de AEMET y de las estaciones que cumplen las normas de la OMM, accesibles en su web y en su aplicación. Para valorar el riesgo de exponerse al calor, más que el termómetro de la calle conviene atender a los avisos y tener presente que, al sol, el calor efectivo supera en varios grados a la cifra oficial.

En cuanto a los propios aparatos, la solución técnica es conocida: un sensor de calidad dentro de un protector blanco y ventilado, a la sombra y lejos del pavimento. Otra opción, más sencilla, es que las pantallas muestren los datos de una estación oficial cercana o indiquen claramente que la cifra no es la temperatura del aire. Mientras tanto, conviene leerlas como lo que son: la temperatura de un aparato expuesto al sol.

La comparación distingue las observaciones de 2013, los registros oficiales y las lecturas calculadas con el modelo. El procedimiento, sus limitaciones y las fuentes se recogen en Fuentes y método de elaboración.

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09La provinciaEl clima de las comarcas sevillanasVega del Guadalquivir, Aljarafe y su cornisa, Campiña, Marismas y sierras.

El entorno, comarca a comarca

La Vega del Guadalquivir

La Vega es el escenario de la capital y comparte con ella sus rasgos esenciales: temperatura media cercana a 20 °C, unos 480-490 litros de lluvia al año en el último periodo y una gran amplitud entre el día y la noche. Lo que la distingue del resto de la provincia es la frecuencia de las inversiones térmicas. En las noches de calma, el aire frío se acumula en el fondo del valle, y las estaciones situadas en zonas bajas y abiertas registran mínimas mucho más bajas que las de las laderas cercanas. A pocos kilómetros al oeste, la cornisa del Aljarafe se eleva sobre la llanura: ese desnivel ayuda a entender por qué las mínimas de la Vega, la parte alta de la cornisa y el Aljarafe llano pueden ser diferentes incluso en una misma madrugada.

El caso más llamativo es el de La Puebla de los Infantes, a 200 metros de altitud, en el borde de la vega al pie de la Sierra Norte. Su estación tiene unas máximas de verano propias de la Campiña, con casi doce días al año por encima de 40 °C, pero unas madrugadas de invierno durísimas: la media de las mínimas de enero es de 1,8 °C, hiela casi 36 días al año y el 12 de febrero de 2012 se llegó a –9,1 °C. En cambio, apenas registra siete noches tropicales al año. Es un ejemplo de manual de lo que el relieve local puede hacer con las temperaturas mínimas.

El Aljarafe y su cornisa

El Aljarafe es la primera tierra alta que encuentra el viento del suroeste antes de llegar a Sevilla, y eso se nota en la lluvia: Carrión de los Céspedes, en su sector occidental, recoge unos 518 litros al año, algo más que la capital en el mismo periodo.

En temperatura, la comarca tiene dos caras. El sector occidental, más llano y rural, que desciende hacia el Guadiamar, tiene noches frescas: Carrión registra casi cinco días de helada al año, mínimas absolutas de casi –5 °C y apenas catorce o quince noches tropicales. La cornisa que mira a Sevilla se comporta de otra forma: queda por encima de la capa de aire frío de la vega durante las noches despejadas de invierno y apenas conoce las heladas. El contraste se comprende mejor al comparar los registros de Tomares-Zaudín, Tablada y Carrión de los Céspedes.

El cinturón térmico de la cornisa

El escarpe del Aljarafe ofrece un contraste climático notable a pequeña escala. En las noches despejadas de invierno, la capa de aire frío que se forma en la vega tiene apenas unas decenas de metros de espesor, y la cornisa, a 80 o 100 metros, queda por encima, en un aire más templado. Es lo que los climatólogos llaman un cinturón térmico de ladera.

La estación de Tomares-Zaudín, situada a 84 metros en la parte alta del escarpe, permite medirlo desde 2020 frente a Tablada, en la vega, y frente a Carrión de los Céspedes, en el Aljarafe llano y abierto. La figura 14 ordena las noches de noviembre a febrero según la temperatura mínima que se registró en Tablada. En las noches templadas, con mínimas de más de 10 °C, que suelen ser nubosas o con viento, no hay apenas diferencia entre la cornisa y la vega. Cuanto más fría es la noche, mayor es la ventaja de la cornisa: cuando Tablada baja de 2 °C, Tomares registra de media 1,2 o 1,3 °C más, y frente a Carrión la diferencia ronda los 2,5 °C.

Esquema complementario B. El cinturón térmico de la cornisa del Aljarafe: situación esquemática de una noche de invierno estable sobre el relieve, y comparación de mínimas entre estaciones en noches frías y en verano.

Fuente: elaboración propia. Relieve SRTM (NASA) y cálculos propios con series diarias de AEMET distribuidas por ECA&D (2020-2025). El perfil representa la topografía, mientras las áreas coloreadas son esquemáticas y no mediciones directas de una noche.

Figura 14. Izquierda: diferencia media de la temperatura mínima entre Tomares-Zaudín (cornisa del Aljarafe) y las estaciones de Tablada (vega) y Carrión de los Céspedes (Aljarafe llano) en las noches de noviembre a febrero, agrupadas según la mínima de Tablada; bajo cada grupo, el número de noches. Derecha: diferencias medias de la mínima, mes a mes, entre esas estaciones y entre Tablada y el aeropuerto (2020-2025).

Fuente: Cálculo propio a partir de las series diarias de AEMET distribuidas por ECA&D.

En verano ocurre lo contrario. La cornisa, más expuesta al aire del suroeste y lejos del calor acumulado en la ciudad, refresca mejor, y sus mínimas quedan entre seis y ocho décimas por debajo de las de Tablada de junio a agosto. El resultado es que Tomares-Zaudín es una de las estaciones que menos hielan de toda la red oficial (0,3 días al año entre 2020 y 2025, con una mínima absoluta de –0,1 °C) y, al mismo tiempo, tiene menos noches tropicales que la vega.

Imagen 2. Sevilla desde Castilleja de la Cuesta, en lo alto de la cornisa del Aljarafe. A los pies del escarpe se extiende la vega, con la Torre Sevilla a la derecha.

Fotografía: CarlosVdeHabsburgo, 2015. Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 4.0 (recortada).

El conjunto de las comarcas, en cifras

Los contrastes entre la Vega y la cornisa se enmarcan en una provincia de paisajes muy distintos. Los climogramas y la comparación de estaciones permiten situar estas diferencias junto a las de la Campiña, las Marismas y las sierras.

Figura 15. Climogramas de nueve estaciones representativas de las comarcas sevillanas (2010-2025). Las barras representan la precipitación a doble escala que la temperatura; los meses sombreados son secos.

Fuente: Cálculo propio a partir de las series diarias de AEMET distribuidas por ECA&D.

Figura 16. Temperatura media, precipitación anual, días con máxima de 40 °C o más y días de helada en las estaciones de la provincia (2010-2025). *Tomares-Zaudín, 2019-2025.

Fuente: Cálculo propio. Datos: AEMET (ECA&D).

Los Alcores y la Campiña

La Campiña es la tierra del calor. Lejos del mar y abierta al sol, registra las máximas más altas de la provincia y una de las mayores amplitudes térmicas anuales. Écija, a la que el habla popular llama desde antiguo la sartén de Andalucía, tiene una media de las máximas de julio de 37,1 °C y casi quince días al año por encima de 40 °C, y su estación alcanzó 46,6 °C el 14 de agosto de 2021, la misma cifra que el récord histórico del aeropuerto de Sevilla. Ese mismo día, Fuentes de Andalucía llegó a 46,3 °C. La base aérea de Morón marcó 46,6 °C el 19 de julio de 1967.

Imagen 3. Los campos de los alrededores de Carmona vistos desde el aire en el mes de julio: parcelas agostadas, olivares y urbanizaciones dispersas.

Fotografía: Jose A., 2024. Wikimedia Commons (Flickr), licencia CC BY 2.0 (recortada).

Pero la Campiña tiene también un perfil continental en invierno, y Écija lo resume bien: es, con La Roda de Andalucía y las estaciones de la sierra, una de las que más hiela, con más de diez días al año y una mínima absoluta de –5,9 °C (14 de febrero de 2012). Morón, con series desde 1955, ha llegado a –8,0 °C (27 de enero de 1976).

La lluvia disminuye de oeste a este. Morón y Las Cabezas, más próximos al Atlántico y a los primeros relieves béticos, superan los 500 litros; Écija y Osuna, en el sector oriental, rondan los 435-440 en el periodo analizado. En series más largas, Morón supera con frecuencia los 600 litros y algunas fuentes le atribuyen más de 700.

El escarpe de Los Alcores, que separa la Vega de la Campiña, tiene un efecto parecido al de la cornisa del Aljarafe. Carmona, en lo alto, domina la vega del Corbones. Su estación, sin embargo, está en la vega, al pie del escarpe y a 50 metros de altitud, y registra casi tres heladas al año. El caso de Osuna es todavía más claro: su estación, situada a 255 metros en las inmediaciones de la villa, que ocupa la ladera de un cerro, tiene las noches más templadas de toda la red, con una media de 85 noches tropicales al año y menos de medio día de helada, mientras que Écija, en el fondo del valle del Genil, suma más de diez.

Imagen 4. Girasoles en flor en Fuentes de Andalucía, en plena Campiña. Es un cultivo de secano que se siembra al final del invierno y vive de la humedad acumulada en el suelo.

Fotografía: rey perezoso, 2014. Wikimedia Commons (Flickr), licencia CC BY-SA 2.0.

Las Marismas y el Bajo Guadalquivir

Aguas abajo de la capital, el valle se abre hacia el estuario y la influencia del mar se hace más directa. La estación de Las Cabezas de San Juan, a 105 metros sobre el borde de las marismas, tiene una temperatura media de 19 °C y unas máximas de verano algo más moderadas que las de la Vega y la Campiña: 35,4 °C de media en julio y unos ocho días al año por encima de 40 °C, frente a los trece del aeropuerto. Recoge unos 527 litros al año. Las marismas propiamente dichas, llanas y encharcadas en invierno, son las tierras de la provincia más expuestas al aire húmedo y a la brisa que llegan desde el golfo de Cádiz.

Imagen 5. Amanecer de febrero en el Brazo del Este, en las marismas del Guadalquivir: un canal recto entre parcelas inundadas.

Fotografía: Abel Maestro García, 2016. Wikimedia Commons (Flickr), dominio público.

La Sierra Sur

En el extremo sureste de la provincia, la Sierra Sur marca la transición hacia las sierras Béticas. Sus estaciones están a más de 400 metros de altitud y lo notan sobre todo las máximas: Lora de Estepa, a 450 metros, apenas supera los 40 °C dos días al año y tiene una media anual de 17,8 °C, dos grados menos que Sevilla. Su lluvia, unos 540 litros, es algo mayor que la de la Campiña.

El relieve vuelve a imponer sus reglas en las mínimas. La Roda de Andalucía, a 410 metros, registra casi 16 días de helada al año y llegó a –9,7 °C el 13 de febrero de 2012, mientras que Lora de Estepa, a 450 metros y a pocos kilómetros, hiela menos de cuatro días. La diferencia, como en la Vega, depende de la facilidad con que el aire frío se acumula en cada emplazamiento.

Imagen 6. La Sierra Sur desde los olivares y campos de cereal de Algámitas. A la izquierda, la Sierra del Tablón, cuyo punto culminante, El Terril (1.129 m), es el techo de la provincia; a la derecha, el Peñón de Algámitas.

Fotografía: Sergey Ashmarin, 2012. Wikimedia Commons (Panoramio), licencia CC BY-SA 3.0.

Las cumbres de la sierra, con El Terril a la cabeza, superan los 1.000 metros y son, junto con las de la Sierra Norte, los lugares de la provincia donde la nieve resulta menos excepcional.

La Sierra Norte

La Sierra Morena sevillana tiene los inviernos más fríos y los veranos más suaves de la provincia. La temperatura media anual desciende de sur a norte, desde unos 16 °C en el primer escalón de la sierra hasta unos 14,5 °C en el límite septentrional, según las fichas de paisaje del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico. Cazalla de la Sierra, a 550 metros, tiene una media de 15,7 °C en el periodo 2010-2025, cuatro grados menos que la capital; apenas sube de 40 °C dos días al año, hiela diecinueve y casi no conoce las noches tropicales.

Imagen 7. Un valle de la Sierra Norte de Sevilla cubierto de encinar y monte mediterráneo, a comienzos del verano.

Fotografía: Ismcuacor, 2018. Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA 3.0 (recortada).

Es también la comarca más lluviosa. Cazalla recoge unos 700 litros al año y Almadén de la Plata, unos 640, aunque los valores más altos se dan en las zonas elevadas del centro de la sierra: Constantina se acerca a los 1.000 litros. Las lluvias disminuyen hacia el borde sur, donde rondan los 600. Esa humedad, junto con los suelos ácidos de pizarras y granitos, explica sus alcornocales y castañares, que contrastan con los encinares y acebuchales de la Campiña. Donde afloran las calizas, como en el Cerro del Hierro, el paisaje cambia por completo.

Imagen 8. Crestas calizas del Cerro del Hierro, en San Nicolás del Puerto: un relieve kárstico rodeado de encinas y matorral mediterráneo en plena Sierra Norte.

Fotografía: Cristina Fernández, 2009. Wikimedia Commons (Flickr), dominio público (CC0) (recortada).

Guadalcanal, a 720 metros, enseña una vez más el papel de la exposición: a pesar de estar casi doscientos metros más alta que Cazalla, su temperatura media es siete décimas superior y hiela cinco veces menos. Todo indica que la diferencia se debe a la posición de cada estación en el relieve, probablemente una ladera bien ventilada en Guadalcanal y un emplazamiento más resguardado en Cazalla, donde el aire frío se acumula de noche.

Laderas frente a fondos de valle

Si se representan todas las estaciones según sus días de helada y sus noches tropicales, aparece con claridad el patrón que se ha ido describiendo comarca a comarca. Las que ocupan laderas y cerros bien ventilados, como Osuna, Lora de Estepa o la cornisa del Aljarafe, apenas hielan y tienen muchas noches cálidas. Las de fondos de valle y llanos abiertos, como La Puebla de los Infantes, Cazalla, La Roda o Écija, acumulan heladas aunque su temperatura media no sea especialmente baja. La altitud cuenta, pero en las noches de calma cuenta todavía más la forma del terreno.

Figura 17. Días de helada y noches tropicales al año en las estaciones de la provincia (2010-2025; Tomares-Zaudín, 2019-2025). El eje horizontal usa una escala de raíz cuadrada para separar las estaciones que apenas hielan.

Fuente: Cálculo propio. Datos: AEMET (ECA&D).

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10HistoriaRiadas, sequías y observatoriosLa memoria histórica del Guadalquivir y los registros meteorológicos.

La memoria del clima: riadas, sequías y extremos

Lo que cuentan los documentos

Mucho antes de que existieran los termómetros, el clima de Sevilla quedó registrado en otro tipo de fuentes. Las actas del cabildo, las crónicas y anales de la ciudad, los libros de las órdenes religiosas y, sobre todo, las rogativas (procesiones y misas para pedir la lluvia, pro pluvia, o para que cesara, pro serenitate) permiten reconstruir los años secos y húmedos con bastante fiabilidad. La climatología histórica española tiene en Sevilla uno de sus laboratorios: Fernando S. Rodrigo y sus colaboradores de las universidades de Almería y Granada publicaron en 1999 una reconstrucción de la precipitación de Andalucía de quinientos años basada en fuentes documentales, y Leoncio García Barrón, de la Universidad de Sevilla, ha dedicado buena parte de su trabajo a las sequías y riadas de la ciudad entre los siglos XIII y XIX.

La gran referencia para las riadas es la Historia crítica de las riadas o grandes avenidas del Guadalquivir en Sevilla, publicada por Francisco de Borja Palomo en 1878, que reunió los testimonios de seis siglos. Gracias a ella sabemos, por ejemplo, que la ciudad vivía pendiente de los husillos (las compuertas por las que desaguaba hacia el río), que se cerraban y se taponaban cuando el Guadalquivir crecía, y de la resistencia de sus murallas.

Siglos XVI a XVIII

El siglo XVI empezó con una sequía prolongada en 1503-1504, y la escasez de grano tras otra sequía desembocó en 1521 en el motín del Pendón Verde. La peor riada del siglo fue la de 1595: el arroyo Tagarete se desbordó, el agua entró por varias puertas de la muralla y se inundaron la vega y gran parte de Triana. La última década del siglo fue especialmente lluviosa.

El siglo XVII fue el de las grandes avenidas. De las diez riadas más destructivas que se han identificado entre 1280 y 1880, cinco se produjeron entre 1598 y 1701. La más recordada es la de enero de 1626: el río empezó a crecer en la noche del 25 de enero y un documento de la época asegura que «de tres partes las dos quedan inabitables»; se calcula que unas 8.000 casas quedaron anegadas.

En el siglo XVIII las sequías fueron más frecuentes en la primera mitad y las riadas en las últimas décadas. En 1709 el Guadalquivir pudo alcanzar un caudal del orden de 10.000 metros cúbicos por segundo. La riada de finales de 1783 y comienzos de 1784, a la que Cándido María Trigueros dedicó su poema La riada, cortó el paso a Triana y arrastró el puente de barcas; la de diciembre de 1796 fue conocida como «la grande».

Imagen 9. Portada de «La riada», de Cándido María Trigueros (Sevilla, 1784), poema que describe «la terrible inundación que molestó a Sevilla en los últimos días del año 1783 y los primeros de 1784».

Ejemplar de la Boston Public Library (colección Ticknor), digitalizado por Internet Archive; Wikimedia Commons. Dominio público.

De esos años datan también las primeras observaciones meteorológicas sistemáticas de la ciudad. Unas memorias médicas de 1785 y 1786 anotaron día a día el estado del cielo, la lluvia, el viento y la temperatura, medida con un termómetro de escala Fahrenheit. Su análisis reciente muestra algo que los datos actuales confirman: el 77 % de los días de lluvia de 1786 soplaron vientos del sur, el oeste y el suroeste.

Los siglos XIX y XX

Desde 1858 Sevilla contó con un servicio de aviso de crecidas por telégrafo: los alcaldes de Córdoba, Peñaflor o Andújar comunicaban la altura del río, y la ciudad ganaba horas para prepararse (en la avenida de 1867, el aviso llegó con 25 horas de antelación). Entre las grandes avenidas de ese periodo figuran la de enero de 1867, que alcanzó 7,94 metros sobre el nivel ordinario, la «gran inundación» de diciembre de 1876, que dio pie a los primeros proyectos de defensa, la de marzo de 1892, con caudales del orden de 9.000 metros cúbicos por segundo, y las de febrero de 1912 y marzo de 1917, con 8,65 y 8,7 metros en Sevilla.

El 25 de noviembre de 1961, tras varios días de lluvia intensa, el muro del arroyo Tamarguillo se rompió y el agua inundó durante días buena parte de la ciudad, sobre todo los barrios del norte y del este, con alturas de tres a cuatro metros en los sectores más afectados y unos 150.000 vecinos afectados en mayor o menor grado. Aquella catástrofe, y la nueva crecida del Guadalquivir de marzo de 1963, aceleraron un largo programa de defensas (encauzamientos, muros y el desvío del Tamarguillo) que se completó a comienzos de los años ochenta con la corta de la Cartuja. Antes, entre 1909 y 1926, la corta de Tablada ya había rectificado el cauce aguas abajo de la ciudad.

Tabla 4. Cronología de episodios notables en Sevilla
FechaEpisodio
1503-1504Sequía prolongada en Andalucía y Castilla.
1521Motín del Pendón Verde, por la escasez de grano tras una sequía persistente.
1595La riada más destructiva del siglo XVI: se desborda el Tagarete, el agua entra por varias puertas y se inundan la vega y gran parte de Triana.
1598-1701Se concentran cinco de las diez riadas más destructivas identificadas entre 1280 y 1880.
Enero de 1626Gran avenida del Guadalquivir: unas 8.000 casas anegadas; «de tres partes las dos quedan inabitables».
1709Crecida extraordinaria, con un caudal estimado del orden de 10.000 m³/s.
Diciembre de 1783 - enero de 1784Riada que corta el paso a Triana y arrastra el puente de barcas. Inspira el poema «La riada», de Trigueros.
1785-1786Memorias con observaciones diarias de lluvia, viento y temperatura (termómetro Fahrenheit).
Diciembre de 1796Riada conocida como «la grande».
1858Comienza el servicio de aviso de crecidas por telégrafo.
1860-1865Real decreto de 5 de marzo de 1860; el observatorio de la Universidad de Sevilla registra datos desde 1865.
21 de enero de 1867Avenida de 7,94 m sobre el nivel ordinario.
Diciembre de 1876«Gran inundación»; primeros proyectos de defensa.
Marzo de 1892Crecida con caudales del orden de 9.000 m³/s.
Febrero de 1912 y marzo de 1917El río alcanza 8,65 m y 8,7 m en Sevilla.
1920-1922Inauguración del aeródromo y observatorio de Tablada; datos archivados desde enero de 1922.
1951Comienza la serie climatológica continua del aeropuerto de San Pablo.
2 de febrero de 1954Última nevada recordada en la capital; mínima de −4,4 °C en el aeropuerto.
12 de febrero de 1956−5,5 °C, mínima absoluta de la serie del aeropuerto.
25-26 de noviembre de 1961Rotura del muro del Tamarguillo: unos 150.000 vecinos afectados.
Marzo de 1963Gran crecida del Guadalquivir.
23 de julio de 199546,6 °C, máxima absoluta del aeropuerto.
Año hidrológico 1998-1999El más seco de la serie del aeropuerto: 208 mm.
2 de noviembre de 1997109,3 mm en un día, máximo diario de la serie.
14 de agosto de 202146,6 °C en Écija y 46,3 °C en Fuentes de Andalucía.
Marzo de 2025255,5 mm en el aeropuerto; en el conjunto de la provincia, el marzo más lluvioso desde 1961.
Verano de 2025El más cálido en España desde 1961; 30 días de 40 °C o más en el aeropuerto a lo largo del año.

Fuentes: García Barrón et al. (2022, 2023, 2024), Zamora Rodríguez (2014), Sousa y García Barrón (2023), García Martínez (2020), Solís Ruiz (2025), León González-Mazón et al. (2020), Viñas (divulgameteo), AEMET y cálculo propio.

Historia de la observación meteorológica en Sevilla

La observación instrumental continuada empezó en la Universidad de Sevilla. El real decreto de 5 de marzo de 1860, que organizó la primera red meteorológica española, ya incluía a las universidades de Sevilla y Granada entre las estaciones en funcionamiento, y el observatorio universitario mantuvo registros entre 1865 y 1967, aunque los propios meteorólogos que después analizaron la serie advirtieron de los problemas de emplazamiento del instrumental.

En 1920 se inauguró el aeródromo de Tablada, y con él un observatorio meteorológico cuyos archivos conservan datos desde enero de 1922. Durante décadas fue considerado el verdadero observatorio de la ciudad.

Imagen 10. Sevilla y el aeródromo de Tablada vistos desde el sur, a 400 metros de altura, en mayo de 1928. En primer plano, los hangares y edificios de Tablada; detrás, el Guadalquivir y la ciudad.

Fotografía: Walter Mittelholzer, mayo de 1928. ETH-Bibliothek Zürich, Bildarchiv / Stiftung Luftbild Schweiz, vía Wikimedia Commons. Dominio público.

En febrero de 1947 se trasladó personal al nuevo observatorio del aeropuerto de San Pablo, cuya serie climatológica continua arranca en 1951 y es la que hoy se toma como referencia oficial. Las bases aéreas de Morón (1955) y otras de Andalucía occidental completaron la red. El centro meteorológico regional obtuvo en 1956 su sede en el pabellón Domecq del Parque de María Luisa, un edificio de la Exposición Iberoamericana de 1929, y hoy la delegación territorial de AEMET en Andalucía, Ceuta y Melilla tiene su sede en la Isla de la Cartuja.

Imagen 11. El pabellón Domecq, en el Parque de María Luisa, levantado para la Exposición Iberoamericana de 1929. Desde 1956 fue la sede del centro meteorológico de Sevilla.

Fotografía: Anual, 2009. Wikimedia Commons, licencia CC BY 3.0.

A esa red oficial se sumó a partir de los años 2000 una amplia red de estaciones automáticas en toda la provincia, cuyos datos se han utilizado en este estudio, además de las redes agroclimáticas y de calidad del aire de la Junta de Andalucía y de numerosas estaciones de aficionados y divulgadores.

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11Evolución históricaEvolución del clima de SevillaTemperaturas de 1951 a 2025, extremos y evolución de la lluvia.

La tendencia de las últimas décadas

Las series largas del aeropuerto y de Morón de la Frontera permiten seguir la evolución del clima de Sevilla durante tres cuartos de siglo. Todas las variables apuntan en la misma dirección: hoy hace más calor que hace cincuenta años, y la diferencia se nota sobre todo en los extremos.

La temperatura media anual del aeropuerto pasó de 18,1 °C en 1951-1980 a 19,2 °C en 1981-2010, y la de los diez últimos años (2016-2025) ronda los 19,8 °C. El ascenso medio desde 1951 es de unas tres décimas por década. Siete de los ocho años más cálidos de la serie son posteriores a 2005, y 2025, con unos 20,4 °C, encabeza la lista. En Tablada, la media de 1981-1995 ya había superado en casi un grado a la de 1931-1980.

Figura 18. Temperatura media anual en Sevilla Aeropuerto (1951-2025) y en Morón de la Frontera (1956-2025), con su media móvil de once años. Las líneas discontinuas indican la media del aeropuerto en los periodos 1951-1980 y 1991-2020.

Fuente: Cálculo propio a partir de los datos diarios de AEMET distribuidos por ECA&D. Series no homogeneizadas.

Los cambios más llamativos están en los extremos:

Los días de 40 °C o más han pasado de unos cinco al año en 1951-1980 a casi diez en 1991-2020 y a catorce en el último decenio. El año 2025, con treinta, es el de mayor número de la serie, seguido de 2022 (26) y 2023 (22). Los días de 35 °C o más, que eran unos 49 al año en 1951-1980, rondan hoy los 68.

Las noches tropicales se han multiplicado casi por tres: unas 21 al año en 1951-1980 frente a 58 en 1991-2020. El máximo, 85, corresponde a 2010.

Las heladas, que en los años cincuenta y sesenta rondaban los siete días al año en el aeropuerto, son hoy casi testimoniales: menos de una al año en el último decenio. La mínima más baja de cada década ha subido de forma continua, de los –5,5 °C de los años cincuenta a los –2,0 °C de la década de 2010.

Figura 19. Días con máxima de 40 °C o más, noches tropicales y días de helada en Sevilla Aeropuerto, año a año (1951-2025). Las líneas horizontales indican la media de cada década; la última corresponde a 2021-2025.

Fuente: Cálculo propio a partir de los datos diarios de AEMET distribuidos por ECA&D.

Morón de la Frontera, una estación rural en la Campiña, muestra una evolución paralela: sus heladas han bajado de unos trece días al año en 1961-1990 a menos de cuatro, y sus noches tropicales han pasado de quince a cuarenta y cinco. La coincidencia entre ambas series indica que la tendencia no es un efecto del crecimiento de la ciudad alrededor del aeropuerto, sino un rasgo del clima de toda la comarca.

En la precipitación, la tendencia es menos clara. Las medias de referencia han bajado, como se ha visto, pero la lluvia de Sevilla está tan ligada a la variabilidad natural del Atlántico que unas pocas temporadas lluviosas pueden alterar el balance de una década. Lo que sí se aprecia es que cuatro de los seis años hidrológicos más secos de la serie (1998-1999, 2004-2005, 2011-2012 y 2021-2022) se han producido en los últimos veintiocho años.

Figura 20. Franjas de temperatura de Sevilla Aeropuerto, 1951-2025. Cada barra es un año; el color indica la diferencia de su temperatura media respecto a la media de 1961-1990, de azul (más frío) a rojo (más cálido).

Fuente: Cálculo propio a partir de los datos de AEMET (ECA&D).

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12Los datosSevilla en cifrasTablas mensuales, comparación entre estaciones y cambios entre periodos.

Sevilla en cifras

En este apartado se reúnen las tablas de referencia del estudio.

Tabla 5. Sevilla Aeropuerto: valores climatológicos normales 1981-2010
MesTTMTmRHDRDTDFDHDDI
Ene10,916,05,766716,10,42,71,811,2183
Feb12,518,17,050675,80,53,00,77,9189
Mar15,621,99,236594,30,62,30,08,6220
Abr17,323,411,154576,11,41,40,06,0238
May20,727,214,230533,71,20,70,06,9293
Jun25,132,218,010481,30,70,20,012,9317
Jul28,236,020,32440,20,20,20,021,1354
Ago27,935,520,45480,50,40,20,018,7328
Sep25,031,718,227542,40,80,50,010,3244
Oct20,226,014,468626,11,22,40,07,8216
Nov15,120,210,091706,40,92,10,08,0181
Dic11,916,67,399747,50,83,00,58,4154
Año19,225,413,05395950,59,118,73,2129,02.917

T: temperatura media; TM y Tm: medias de las máximas y de las mínimas (°C); R: precipitación (mm); H: humedad relativa (%); DR: días de precipitación ≥ 1 mm; DT, DF, DH, DD: días de tormenta, niebla, helada y despejados; I: horas de sol. Fuente: AEMET.

Tabla 6. Estaciones de la provincia y su entorno: valores medios 2010-2025
EstaciónUnidadAlt.TMáx. jul.Mín. ene.P≥40Hel.N. trop.Máx. abs.Mín. abs.
Sevilla AeropuertoVega3419,736,66,248212,71,158,345,9 (2012)-2,0 (2012)
Sevilla TabladaVega919,836,06,44878,80,650,545,2 (2025)-2,3 (2012)
Tomares Zaudín*Aljarafe (cornisa)8419,836,97,047914,20,346,345,3 (2025)-0,1 (2021)
Carrión de los CéspedesAljarafe occidental7618,636,55,151810,44,614,545,3 (2021)-4,9 (2012)
CarmonaCampiña (Los Alcores)5019,236,45,347911,22,737,644,6 (2021)-3,2 (2012)
Fuentes de AndalucíaCampiña16519,236,45,851311,21,153,646,3 (2021)-2,7 (2017)
ÉcijaCampiña13018,737,14,043914,910,641,046,6 (2021)-5,9 (2012)
OsunaCampiña sur25519,635,77,74356,40,484,745,4 (2017)-2,1 (2012)
Morón de la FronteraCampiña sur8719,036,25,349910,83,641,445,5 (2021)-4,2 (2012)
Las Cabezas de San JuanBajo Guadalquivir10519,035,46,15277,91,836,945,5 (2016)-5,1 (2012)
Lora de EstepaSierra Sur45017,834,15,35442,13,853,443,8 (2021)-3,9 (2012)
La Roda de AndalucíaSierra Sur41017,535,93,43728,215,825,845,5 (2021)-9,7 (2012)
La Puebla de los InfantesVega, pie de sierra20017,036,81,865411,835,87,345,8 (2021)-9,1 (2012)
Almadén de la PlataSierra Norte45017,735,35,36394,11,532,144,5 (2021)-4,3 (2012)
Cazalla de la SierraSierra Norte55015,733,82,67031,719,34,143,0 (2021)-4,9 (2012)
GuadalcanalSierra Norte72016,434,34,75771,74,029,743,0 (2021)-4,9 (2012)
Cala (Huelva)Sierra (ref.)61816,434,53,76972,47,714,442,7 (2023)-4,6 (2021)
Olvera (Cádiz)Sierra Sur (ref.)53018,034,76,15204,31,146,144,6 (2017)-2,3 (2012)

Alt.: altitud (m). T: temperatura media (°C). Máx. jul.: media de las máximas de julio. Mín. ene.: media de las mínimas de enero. P: precipitación anual (mm). ≥40: días con máxima ≥ 40 °C. Hel.: días de helada. N. trop.: noches tropicales. Extremos del periodo, con el año entre paréntesis. *Tomares-Zaudín: 2019-2025. Cálculo propio con datos de AEMET distribuidos por ECA&D.

Tabla 7. Evolución por periodos en Sevilla Aeropuerto y Morón de la Frontera
Estación y periodoT media (°C)Días ≥ 40 °CNoches tropicalesDías de heladaPrecipitación (mm)
Aeropuerto 1951-198018,15,120,66,9614
Aeropuerto 1961-199018,25,324,76,2608
Aeropuerto 1981-201019,28,850,73,0539
Aeropuerto 1991-202019,69,958,01,5502
Aeropuerto 2016-202519,814,258,30,9456
Morón 1961-199017,24,614,713,0582
Morón 1991-202018,37,228,07,7514
Morón 2016-202519,313,045,23,9474

Valores medios anuales. Cálculo propio con la serie diaria de AEMET (ECA&D), sin homogeneizar. La temperatura media oficial de AEMET para el aeropuerto en 1991-2020 es 19,3 °C (véase la nota metodológica). Morón 1951-1980: serie incompleta.

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ReferenciasFuentes y método de elaboraciónProcedencia de datos, criterios y bibliografía del documento.

Nota metodológica

Valores normales oficiales. Los valores normales de Sevilla Aeropuerto proceden de AEMET (periodo 1981-2010, estación 5783). La precipitación media de 1991-2020 (504,1 mm) procede de AEMET a través del Anuario de Estadística 2024 del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Series diarias. Los cálculos propios se han realizado con las series diarias de temperatura máxima, mínima y precipitación de AEMET distribuidas por el proyecto European Climate Assessment & Dataset (ECA&D), utilizando solo los datos con control de calidad válido y la serie principal de cada estación. Se han descartado los meses con menos de 25 días de datos de temperatura o 28 de precipitación, y los años con menos de 330 días. Con estos criterios, la media de 1981-2010 del aeropuerto coincide con la oficial (19,2 °C y 539 mm); para 1991-2020 la precipitación obtenida (502 mm) es prácticamente la oficial, mientras que la temperatura media resulta unas tres décimas superior a la que publica AEMET (19,3 °C), diferencia atribuible a la depuración y homogeneización que AEMET aplica a sus valores normales. Las series no se han homogeneizado, de modo que las cifras de tendencia deben tomarse como orientativas.

Comparación entre comarcas. Se ha utilizado el periodo común 2010-2025. La estación de Tomares-Zaudín solo dispone de datos completos desde 2019-2020, por lo que sus valores se refieren a ese periodo más corto; las comparaciones diarias entre Tomares, Tablada, Carrión de los Céspedes y el aeropuerto usan únicamente los días con dato en las cuatro estaciones entre 2020 y 2025.

Año térmico diario. Para cada fecha del año se han calculado la media y los percentiles 10 y 90 de las máximas y mínimas del periodo 1991-2020, suavizados con una media móvil circular de 31 días. Los récords de cada fecha se refieren a 1951-2025 y no se han suavizado.

Episodios de calor. Se considera episodio una racha de tres o más días consecutivos con máxima igual o superior a 40 °C en el aeropuerto. La ola de calor de AEMET se define, en cambio, con un criterio regional: al menos tres días consecutivos en los que un mínimo del 10 % de sus estaciones de referencia supera el percentil 95 de sus máximas de julio y agosto del periodo 1971-2000.

Balance hídrico. Evapotranspiración potencial según Thornthwaite (1948), con la corrección por duración del día para la latitud de Sevilla, y balance mensual con una reserva útil de 100 mm a partir de los valores normales de 1981-2010.

Viento, humedad y ciclo diario. Proceden de las observaciones horarias SYNOP del aeropuerto (indicativo LEZL) entre 2010 y 2025, distribuidas por Meteostat. Se consideran calmas las velocidades inferiores a 2 km/h. Para el ciclo diario, las horas UTC se han convertido a hora oficial peninsular (UTC+1 en enero; UTC+2 en abril, julio y octubre).

Índice NAO. Serie mensual del Climate Prediction Center de NOAA desde 1950.

Relieve. Modelo digital del terreno SRTM de NASA (resolución de un segundo de arco) y límites administrativos de GADM 4.1.

Fotografías. Proceden de Wikimedia Commons y del archivo de El Tiempo Sevilla, según se indica al pie de cada imagen. Las fotografías de Wikimedia Commons se reproducen conforme a sus licencias libres o por ser de dominio público; se identifica al autor y, cuando consta, la fecha, la licencia y el recorte.

Definiciones. Día de helada: temperatura mínima igual o inferior a 0 °C. Noche tropical: mínima igual o superior a 20 °C. Noche tórrida: mínima igual o superior a 25 °C. Mes seco (criterio de Gaussen): precipitación inferior al doble de la temperatura media. Año hidrológico: de octubre a septiembre.

Las cifras procedentes de observatorios, las mediciones publicadas por otros autores y los resultados de modelos físicos se identifican por separado. Las simulaciones de materiales y termómetros muestran comportamientos posibles bajo los supuestos indicados; no sustituyen mediciones realizadas en una calle o en un dispositivo concreto.

Isla de calor: cálculo de temperaturas y flujos de energía

Modelo térmico. Para cada superficie se resuelve, con un paso de un minuto, la ecuación de conducción del calor en una columna de material dividida en capas de un centímetro cerca de la superficie y progresivamente más gruesas en profundidad, hasta dos metros, donde se fija una temperatura de 25 °C. En la superficie se aplica el balance de energía: radiación solar absorbida según el albedo; radiación infrarroja recibida del cielo (fórmula de Brutsaert para cielo despejado) y emitida según la emisividad; calor sensible cedido al aire, con un coeficiente de convección que depende del viento (5,6 + 4,0 u W/m²·K, con u el viento a la altura de la calle, estimado como el 60 % del medido a 10 metros); y, en el césped, evaporación con una resistencia de superficie de 70 s/m. El cálculo se repite durante veinte días con el mismo ciclo meteorológico y se toma el último, ya estabilizado.

Forzamiento meteorológico. Temperatura, humedad relativa y viento horarios medios del aeropuerto de Sevilla (observaciones SYNOP, indicativo LEZL, distribuidas por Meteostat) para todos los días de julio de 2010-2025 (día medio) y para los 17 días de julio de ese periodo con máxima igual o superior a 42 °C (día de ola de calor). Radiación solar de cielo despejado según el modelo de ASHRAE para el mes de julio, a 37,4° N el 15 de julio, con una irradiancia global máxima en torno a 970 W/m².

Materiales. Asfalto: capa de 10 cm sobre base granular. Hormigón: losa de 15 cm. Piedra clara (granito o caliza): losa de 6 cm sobre 4 cm de mortero. Tierra seca: suelo arcilloso seco en toda la columna. Césped: suelo húmedo con evaporación. Chapa: lámina de acero de 0,8 mm sobre aislamiento. Fachadas: muro de ladrillo de 24 cm con el interior a 27 °C. Las propiedades térmicas proceden de Oke (1987) y los albedos, de la EPA (2012) y de la literatura de referencia. Calle estrecha: factor de visión del cielo de 0,35, sol directo entre las 10:15 y las 14:00 h y paredes 3 °C más cálidas que el aire. Sombra de árbol: copa que intercepta el 75 % de la radiación solar y factor de visión del cielo de 0,30.

Alcance. El modelo representa superficies ideales, homogéneas y secas, bajo un cielo despejado; no reproduce la variabilidad de cada calle concreta, el polvo, la humedad del suelo ni el viento real a ras de suelo. Sus resultados deben leerse como órdenes de magnitud y, sobre todo, como comparación entre materiales en igualdad de condiciones. Las máximas calculadas para el asfalto coinciden con las medidas en Sevilla y con los rangos publicados por la EPA.

Aire acondicionado. La estimación de la tabla 2 es un cálculo de orden de magnitud con supuestos explícitos; no es una medición.

Termómetros de la calle: observaciones, modelo e índices

Modelo del termómetro. La carcasa se representa como un cuerpo con una capacidad térmica de 15 kJ por metro cuadrado de superficie y kelvin, una absortancia solar de 0,80 y una emisividad de 0,90. Recibe la cuarta parte de la radiación solar directa (la proporción media que intercepta un cuerpo compacto), la mitad de la difusa y la mitad de la reflejada por el suelo; intercambia radiación infrarroja con el cielo (la mitad de su superficie) y con el asfalto (la otra mitad), y cede calor al aire con un coeficiente de convección de 5,6 + 4,0 u W/m²·K, siendo u el viento a la altura del aparato, estimado como el 60 % del medido a 10 metros. La lectura del sensor se calcula como T aire + f · (T carcasa − T aire), donde f = 0,59 se ha ajustado minimizando la diferencia con las observaciones de 2013 (error cuadrático medio de 2,7 °C). La temperatura del asfalto se calcula con el mismo modelo de conducción empleado en el capítulo de la isla de calor.

Datos meteorológicos. Temperatura, humedad, viento y estado del cielo horarios de Sevilla Aeropuerto (observaciones SYNOP, indicativo LEZL, distribuidas por Meteostat), de mayo a septiembre de 2010 a 2025. La radiación solar se calcula para cielo despejado con el modelo de ASHRAE y se atenúa según el estado del cielo observado.

Índices. Índice de calor según la regresión de Rothfusz (Servicio Meteorológico de Estados Unidos), humidex, temperatura aparente de Steadman en la formulación del Servicio Meteorológico de Australia (a la sombra y con radiación) y UTCI, calculados con la biblioteca pythermalcomfort (versión 4.6). La temperatura radiante media a la sombra combina el suelo sombreado y el aire; al sol, el asfalto, el cielo y la ganancia solar del cuerpo según el modelo SolarCal (persona de pie, absortancia de 0,7, reflectancia del suelo de 0,1). Los días de ola de calor son los de julio de 2010-2025 con máxima igual o superior a 42 °C.

Alcance. El modelo representa un aparato genérico; cada termómetro real tiene su forma, su color, su masa y su exposición, y su error puede ser mayor o menor. Los valores deben leerse como órdenes de magnitud.

Viento en Sevilla: series, selección y análisis

Observaciones horarias. Dirección, velocidad del viento, temperatura y humedad de Sevilla Aeropuerto (observaciones SYNOP, indicativo LEZL, distribuidas por Meteostat), de 2010 a septiembre de 2025. Se consideran calmas las velocidades inferiores a 2 km/h o las observaciones sin dirección y con menos de 6 km/h. Las horas UTC se han convertido a hora oficial peninsular. Las direcciones se agrupan en dieciséis rumbos y en cinco sectores: nordeste-este (de 11 a 124°), sureste-sur (de 124 a 191°), suroeste (de 191 a 259°), oeste-noroeste (de 259 a 326°) y norte.

Series diarias. Temperatura máxima y mínima, precipitación, dirección dominante del viento, velocidad media y racha máxima de Sevilla Aeropuerto, Morón y Córdoba Aeropuerto, procedentes de ECA&D (European Climate Assessment & Dataset) a partir de los datos de AEMET, de 1987 a agosto de 2026. Se han descartado los días sin dirección definida.

Viento de la tarde y entrada del suroeste. Para cada día de verano se ha calculado la dirección media vectorial del viento entre las 15 y las 19 horas. La hora de entrada del aire de abajo es la primera, a partir de las 11, en que el viento sopla del sector entre 180 y 270° con al menos 9 km/h durante dos horas consecutivas.

Retrotrayectorias. Para cada día de junio a agosto de 2020 a 2025 se ha calculado, hacia atrás y durante 24 horas, el recorrido de una partícula de aire que llega a Sevilla a las 15 UTC (17 h), con el viento horario a 100 metros del reanálisis ERA5 en una rejilla de un grado, interpolado en el espacio y en el tiempo, con pasos de 15 minutos. Se ha considerado aire marino el que había estado sobre el Atlántico menos de ocho horas antes, y continental el que no había tocado el mar en las 24 horas anteriores. Es un método simplificado, de baja resolución, que ignora los movimientos verticales y la turbulencia; sirve para distinguir los recorridos marinos de los continentales, no para reconstruir cada trayectoria con precisión.

Mapas. Medias diarias de presión a nivel del mar, temperatura a 850 hPa, altura geopotencial de 500 hPa y viento a 925 hPa del reanálisis NCEP/NCAR R1, con una resolución de 2,5°.

Polvo. Concentración de polvo en superficie del análisis global de CAMS en el punto de Sevilla, de agosto de 2022 a septiembre de 2026. Se considera día de polvo aquel con una media diaria de 50 µg/m³ o más.

Alcance. El aeropuerto está a unos 10 kilómetros al nordeste del centro, en campo abierto. En el interior de la ciudad, los edificios frenan el viento, lo desvían por las calles y aumentan las calmas, de modo que las velocidades y las rachas son allí, en general, menores, aunque los efectos de canalización pueden acelerarlo en algunas avenidas y puentes.

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